Vuelve la magia al blog.

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El poder, sin la responsabilidad.

Sentir como el poder recorre cada parte de mí cuerpo, cómo crece dentro de mí y sé apodera de mí mente. Sin importar cuánto queda de mí.

Evoluciona cada día y me hace sentir poderosa(única). Pero nadie puede llegar a comprenderne… me temen. Yo también tengo miedo, sin saber que yo puedo con ello y que soy la propia llave a mí libertad.

Algo para compartir, algo para conocerme más.

Hoy os vengo a contar algo más personal.

Hace 10 meses (+o-), decidí enpezar a cuidarme un poquito más (alimentación, ejercicio…) y me apunté con un entrenador personal.

Y quiero compartiros mi felicidad, orgullosa de mi y de bajar 15kg.

Gané salud y me siento mejor físicamente ( y más con el trabajo que tengo fuera de esto).

Aquí os dejo el antes y el después. Me animaré hacer un relato basado en todo esto y así animar a más gente a amarse y sobre todo a cuidarse. Por que yo empecé ha hacerlo por salud. Y puedo notar mejoría tanto en la alimentación, como fisicamente( agilidad, flexibilidad…)

Escribe un relato en el que tu protagonista acabe al final con un cliffhanger colgando de la cornisa de un edificio en llamas. 32/52 | RETO.

“Y quemé las alas, que me harán volar”

Cuando la vida te lleva a cosas desesperadas, las cuales no te dejan ni ver, ni pensar con la suficiente claridad. Piensas que puedes con todo y que no necesitas ayuda, pero esto es un tira y afloja y te das cuenta de que tu cuerda acaba siendo la más corta.

Claramente he cometido muchos errores, pero no he sido la única, ni la peor. He tenido contrincantes en esta vida, que son más hostiles que yo. Personas capaces de arrebatar la vida de otro, yo me encuentro en el punto intermedio.
Lucho cada día con esos fantasmas que me atormentan e intento hacer brillar la poca luz que me queda dentro, vivo con el miedo de no saberme perdonar cada mala elección que he podido hacer o deshacer sin medir las consecuencias. No necesito a nadie más, lo cierto es que me valgo sola para hacerme sentir agotada en cuerpo y alma. Dejándome ir, dejándole que me lleven fácilmente. ¿De que huir?, ¿de que esconderse?.
Subo literal y metafóricamente los peldaños de la vida, de mi vida. Quiero subir hasta la cornisa de la azotea y ver cada estrella que arropa el cielo. Ver la noche brillar ante mi y que me diga lo cerca que estoy de tocar lo más alto. No debo olvidar encender la llama del traslado, la que me ayudará a ascender al reino de la luz, del poder, de la liberación… Donde podré dejar atrás el dolor, la preocupación…
Sin esperar, ni desesperar. Podre ser yo y pensar en la felicidad que tanto deseé.
Dejo verter el oro liquido y lo uno junto a la llama de la liberación, guiando lo con mis pasos piso por piso. Coronando la salida hasta la azotea y pudiendo ver todo el esplendor de las llamas y el cielo unirse. Estoy preparada para terminar todo esto que he empezado y quiero llegar arriba con grandes alas.
Me coloco en la cornisa del gran edificio, rodeada por el calor de las llamas. Miro hacia abajo y puedo ver lo 12 edificio bajo mis pies, el aire golpea mi cara. La realidad ne devuelve la poca cordura que me queda y el colocón que traía puesto, se baja solo de golpe. Ya es tarde, el fuego se fue propagando muy rápido, el calor me empuja a que me tire a vacío. Mis pies se aferran al filo de la cornisa, solo queda esperar a que finalmente me broten las alas.

Haz un relato sobre dos personajes que se odian y deben compartir un viaje largo en coche. 31/52 | RETO

“⭐☆☆☆☆”

(“1 estrella de 4”)

Esta semana la comenzaba con mucha ilusión, Barcelona me esperaba y debía viajar hoy mismo. Hace unos días contrate un “Traveling friend”, una manera económica de llegar a mi destino a mitad de precio. De mi compañero de viaje solo sabia su nombre y edad, Eloy de 22 años. Ese nombre no me traía buenos recuerdos, un compañero que dedico su tiempo a torturarme, en mí época de instituto se llamaba igual y cómo no de su misma edad. Sería una fatídica coincidencia. Tenía todo preparado y el traveling no tardaría en viajar, estaba preparada para esta gran aventura. Aproveché los últimos minutos en dejar la casa, perfectamente colocada y todo cerrado. Mi hermana vendría de vez en cuando. Cogí mi maleta y el bolso y bajé a comenzar todo. Al final de la calle, podía ver el coche descrito en el anuncio de la app. Un león rojo, de hace unos añitos. Apoyado sobre el capó del coche está el, tapando sus ojos con unas gafas oscuras. Cuando me acerqué a él, el se quito las gafas y reconocí esa mirada fría de ojos color verde. El matón de instituto que hizo mi vida un infierno hace 10 años atrás. El también me reconocía, pude notarlo en su rostro. —¿Lupitas?— No ha cambiado nada, no recordaba mi nombre, pero el mote sí. —Anais, me llamo Anais. Te lo dije cuando hablamos hace unos días. Abro la puerta trasera y me montó. —¿No montas delante?—En eso estaba pensando yo, para que este imbécil me llame Lupitas todo el viaje. —No, voy mejor atrás. ¿Vamos?— Guarda mis cosas en el maletero y comenzamos el viaje. Llevábamos un hora y media de viaje, cuando él decidió entablar una conversación.

—¿Dónde te diriges?—Su tono era seco y sin intención de querer saber más de mí.

— A la misma capital.— Yo tampoco quería ser amigable con él. Teniendo en cuenta, que muy de vez en cuando nos echábamos miradas que podrían matarnos, estábamos teniendo un viaje tranquilo. El corto de nuevo el silencio. —¿Cuanto han pasado ya? ¿6 años, enserio? ¿Sigues teniéndome tanto rencor?— Sutilmente le deje caer un … —Y los que quedan…—

—¿Enserio? ¡No me acuerdo, ni que te hice! A un que no olvido como pinchaste las ruedas de mí bici en venganza.—

—Cortaste mis trenzas, y parecía un esperpento. Si cuenta que era 1° de la eso y que los siguientes cursos no paraste de putearme. Creo que dos ruedas nuevas fue un regalo.— Él comenzó hacerme burla y se reía. Se giró para ver mi reacción y sin saber por que, frenó en seco.

—Pues mira, llevamos sin vernos desde el bachiller, ya somos grandes y deberíamos madurar.—

—¡Wow! Me sorprendes. Pareces un niño jugando a ser adulto. Y la verdad que no me apetece jugar contigo, se me va a hacer demasiado compleja y debería ser más fácil. Llévame hasta donde hemos acordado y olvidame.—

—Pues vamos a jugar, y si no me perdonas…¡YO NO ME MUEVO!— Una carcajada salio de mi boca, junto con algún pensamiento en voz alta.

—¡No si al final el gilipollas, va a tener gracia!—

—¿Con quién hablas?— Hazle mis manos al cielo y solté un grito de desesperación.

—¡Arranca!—

—¿Amigos?—

—¡Me niego! ¡Si viajo contigo, es por estricta necesidad! No por que quiera.— Eloy saca la llave del contacto y abre la ventanilla.

—Estamos cerca de una cuneta, la dejó caer.—

—Este chico es tonto.—

—¡Y TÚ LOCA, QUE SIGUES HABLANDO SOLA!—

—Me desesperas. Dame la llave, voy a conducir yo.— Y como no, el zaleo de muchacho lo hizo. Arrojo la llave por la cuneta, nos encontrábamos en el medio de la nada.

Solos.

Solos.

Solos.

Esa palabra la escuchaba retumbar en mi cabeza, como un eco. Era Eloy, que él y su gran madurez hacían presencia una vez más.

—¡CALLA YA IMBÉCIL! Y piensa como vamos a recuperar la llave.—

—Vamos a buscarla juntos.—

—¡Tu te drogas! Tu la pierdes, tu la buscas.—

—Me haces ponerme serio y no quiero. Te lo explicaré. En primer lugar, estamos juntos en este viaje. Te gusté o no, así que buscas la llave conmigo y ya esta. Y en segundo lugar, si me drogo, y solo de viernes a domingo.— De nuevo lanzo ese grito desesperado que me caracteriza y que demuestra cuanto me saca de quicio este ser, el rie a carcajadas. Agotada después de 2 horas buscando la llave, caigo al suelo( mi mente estalla, le odio tanto). El sol sé está poniendo y no nos queda ya nada de agua, ni comida. Eloy sigue haciendo chistes malos y yo cada vez le escucho menos. Sin saber por que, me encuentro en medio del campo, llena de mierda de los pies a la cabeza. Despeinada, llorando, con los mocos colgando… Este no era mi plan para este inicio de viaje. Después de imaginarme en mi cabeza, cuan graciosa debía estar, me eché a reír como las locas. Eloy levanto la vista y no dijo nada. Empezó a aproximarse, una vez le tuve en frente… Me abrazo (realmente necesitaba eso). A un que para mí, seguía siendo él y eso no lo iba a cambiar.

—¿Nos vamos ya?—

—¿Y la llave?—

—En mi bolsillo.—

—¿Cómo? Te mato, yo te mato…¡Eloy! ¡Eloy! ¡VEN Aquí! ¡CAPULLO!— Y como era habitual en el, siempre hacía lo mismo. Cuando arreglaba una cagada, echaba una más gorda.

—¡Lupitas! ¡No te enfades! Te estoy dando una experiencia bonita que recordar.— Pare en seco, cogí aliento y continué.

—Decidido, estas muerto. Ven aquí, que te tengo que matar.— Y a un que me joda reconocerlo, durante las siguientes horas, detrás de él. Olvidé el trabajo, las tareas y todo lo que me tenía agobiada antes del viaje. A este maldito imbécil tendré que darle las gracias y a Traveling Friend, por hacer estos reencuentros de amor – odio tan intensos.