Dolorem.

¿Cómo percibimos el dolor?, de todos los sentidos, maneras, físicas, psíquicas… Cada persona interpreta el dolor de una manera, sea la cual sea a cada uno nos duele a nuestra manera, ya sea atreves de nosotros mismos o de otra persona, el dolor subsiste ahí.

Mis queridos cofiadores hoy llegan muy tarde… muy, muy tarde, ¡lo es!, si el de ayer fue un día largo, hoy ha sido ¡ETERNO! No creáis que empalmaré uno con otro, no… en unas horas estaré aquí de nuevo, y espero que más pronto.
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Primo contactu.

“Poco a poco se van abriendo mis ojos, no percibo nada a mi alrededor por la falta de luz. Me encuentro en movimiento, debo de estar en un coche, mi movilidad es nula, por más que forceje no puedo soltarme de mis sujeciones. Lo poco que puedo moverme, aprovecho para golpear todo lo de mi alrededor, sé que es algo inútil, no creo que nadie pueda oírme, pero yo sigo en ello.

Recuerdo que tenía mi teléfono, estaba en mi bolsillo trasero del pantalón, necesito cogerlo, estiro mis brazos todo lo que ellos me lo permiten. No encuentro el teléfono deben de haberlo cogido.

El coche se detiene en seco. Primero oigo como apaga el motor, abren una puerta y como poco a poco se van acercando hacia donde yo me encuentro. La puerta del maletero donde me situó se abre, lo mejor que se me ocurre es seguir haciéndome la inconsciente. Deduzco que es de noche, no percibo ni un rayo de luz. Me deposita en el suelo y después de mí otro bulto a mi lado. – Ya puedes abrir los ojos, escuche tus golpes. – Esa voz, se escucha seca y muy grave. ¿De que me suena esa voz?, me resulta familiar. – Poco a poco abro el ojo, la única luz que ahora si puedo ver, es la de una linterna que me ciega, sin apenas poder ver quien es él. Voy reconociendo su rostro. – ¿Elliot?, ¿eres tú? –  Mi voz se escucha temblorosa, yo solo espero que esto sea un tipo de broma y ahora me cuenten lo que sucede.
Cada vez, su rostro es más definido, es él. No me equivocaba al reconocer su voz. – ¿Te llevaste tú a Aneizar? – Solo me mira y sonríe. ¿Por qué sonríe? Me encantaría borrarle esa sonrisa a ostias, pero me encuentro en una situación difícil. Cuando me retiro con miedo hacia atrás, choco contra el bulto que note antes al salir, al girarme para mirar de lo que se trata, la manta que lo cubre se abre y deja ver un brazo. El al intentar cubrirlo, deja un poco en entre ver su rostro. -, ¡OH!, ¿NACARA?. ¿QUÉ HAS HECHO LOCO? – El miedo se puede leer en mis ojos, mi piel se pone de gallina y mi abrigo se forja por escalofríos. La imagen de la cara de Nacara, será algo difícil de borrar. Sus ojos de color oscuros, cubiertos por un velo, su piel pálida y sus labios azulados. Será un recuerdo imborrable en mi memoria. Arrastra de mí y me coloca a un lado del coche, el se acerca al maletero y coge una pala. La arena empieza a amontonarse a mi derecha y yo empiezo a ver mi futuro bajo tierra. “.

 

 

 

En España la mejor manera de guardar un secreto es escribir un libro.
» Manuel Azaña

 

#Aneizar

Haec.

“ Nos encontramos a las puertas del Hospital de Santa Ana. Todo el mundo está consternado, sintiendo mucho la perdida de la joven fallecida esta mañana. La dejaron en las cercanías al Hospital. Se habla de homicidio, pero aun se desconocen los hechos. La familia de la joven, no dan crédito a lo que sucede. Seguiremos trasmitiendo durante el resto del día. Pasamos conexión.” – Apago la televisión, dirijo mi paso hacia mi habitación. Me siento a los pies de la cama y hundo mi cabeza entre mis rodillas, respiro por la boca, pero de nada me sirve. Las lágrimas empiezan a brotar por mis ojos. Se abre la puerta de la habitación, levanto la vista para ver quien se decide perturbar ese momento de soledad que intento tener. – Hija, no es ella. Los periodistas, han mezclado noticias. Aneizar sigue en coma. – Mi madre se acerca y me abraza, acaricia mis cabellos y escucho como llora junto a mí. Solo han pasado dos días desde que encontraron su cuerpo, prácticamente sin vida. Su desaparición hizo que toda la Ciudad se volcase, una semana sin ella, para muchos fue eterna. Mi mejor amiga no se podía marchar así, como si lo dejara todo sin decir nada, ella no es así.  No me salían las palabras con sus padres y su hermano, eso era lo mas extraño, por qué era como mi familia. Solo puedo desear con fuerza, que ella siga respirando y que aguante con fuerza lo que venga con ella.

Cuarto día, no me siento con ánimos de ir a clase, pero tengo que continuar mi vida normal, o eso me pide la psicóloga. Creen que todo lo ocurrido con Nei, marco demasiado en mí. Llegando a clases, a lo lejos veo como Elliot y Nacara discuten, ¿ellos dos juntos?, eso sí que es raro. Ignoro el ir a saludarles y avanzo al interior, solo deseo que todo el día pase rápido.

Después de un día duro y largo. Por fin pasa, voy camino del hospital, solo espero que hoy me dejen entrar a verla. Cogí de casa su libro favorito, a ver si pudiera leérselo. -, ¡Hola!, desearía entrar un poco a ver a la paciente de la habitación UV006. – Sonrío de oreja a oreja, para ver si eso causa efecto. -¿Tu nombre? – Me mira por encima de sus gafas y revisa la lista que tiene en sus manos. -Tienes 5 minutos, sé rápida-. Voy directa a la habitación, le leeré solo unas lineas. Entro, la miro unos segundos, toda ella esta conectada a unas maquinas, son las que la siguen manteniendo con vida. Al otro lado están sus padres, me acerco a ellos para saludarles, ellos me responden con un abrazo, se siente bien. Acomodo una silla al lado de su cama y abro el libro mientras cojo su mano. – “Alicia empezaba a estar cansada de estar sentada…” – Las palabras salen por mi boca, como si de una cuenta cuentos de niños se trataran, mis gesticulaciones y como vocalizo. Los padres de Nei me sonríen, hoy les veo por fin riendo. – Lo siento deben salir. Ya acabo el horario de visitar en UVI. – Me asomo a la ventana, mientras voy saliendo. Paso toda la tarde y no me había dado cuenta. Después de todo las enfermeras de aquí tienen corazón. Me despido y salgo dirección a la parada de al autobús. Ya anochecido, y siento frió recorrer mi cuerpo. El autobús no llega y ya no pasa nadie por la calle. Saco mi teléfono del bolsillo de la mochila, para mi sorpresa en esta zona de la ciudad no hay cobertura. Veo que un coche se detiene enfrente de mí, se ve a un hombre joven en él, está oscuro y no se le ve demasiado bien. – ¿Necesitas ayuda?, ¿estas perdida? – Me sobresalto, no pensé que se dirigiera a mí. -No gracias, espero a alguien. – El hombre se marcha y me vuelvo a quedar sola. De repente una fuerza me agarra por detrás, agarra todo mi cuerpo y con otra mano cubre mi boca con un pañuelo, huele mal, fuerte, intento forcejear, pero voy perdiendo fuerza, hasta que voy desvaneciéndome…

 

 

El buen lector hace el buen libro.
» Ralph W. Emerson

Peperit.

(El nacimiento de un asesino en serie).

En mi cabeza solo oigo un tic-tac, continuo. El tiempo que me falta para que todo acabe y este juego macabro finalice.

Recorro, día tras día los mismos pasillos, a la misma habitación. Sigo sin acostumbrarme al chirrido particular de la puerta al abrirse. Saco una bolsa de basura y recojo todo lo que se encontraba dentro. Salgo de allí y pongo dirección a la sala, donde todavía creo sigue con vida. Quise evitarle sufrir, y unos últimos segundos conmigo la destrozaron del todo.

Abro la puerta, coloco la bolsa en una esquina y me acerco a la camilla. Acaricio su pelo y voy bajando por su rostro, no se ve ni una gota de vida en ella. -Continua teniendo pulso, pero es débil. – Es fría ante la situación que nos encontramos, y la que jamás habría esperado. – Hay que mantenerla viva, el juego debe continuar. – Sigue hablando, pero yo prefiero no escucharla. -Tiene que morir. – Es lo único que mis labios son capaces de vocalizar.  Levanta la cabeza hacia mí, su mirada de odio es evidente. – Harás lo que se te diga, las ordenes son claras, debemos seguirlas. Se le mantiene a ella con vida. – Mi cuerpo crece y mi cabeza estalla en rabia. – ¡NO!, ¡HE DICHO QUE DEBE MORIR! – Estiro mi mano y aprieto su cuello, sus ojos parecen salirse de las órbitas y el miedo se lee en su rostro, hasta su piel coge otra coloración, más azulada. Siento como la sangre caliente recorre mi cuerpo.  Su expresión hace que la exaltación sea fuerte y que apriete más fuerte. Vuelvo a ser yo, al suelto de golpe y miro mi mano, sujeto mi muñeca con miedo, ¿este soy yo?. Desprendo el gotero del brazo de Nei, cada vez más exánime. Envuelvo el cuerpo en plástico y lo cargo a mi espalda. De la mesa cojo las llaves del coche, y salgo en dirección a este. Introduzco el cuerpo en el maletero y cojo dirección al Rio de Santa Ana, dirección norte de la ciudad.

 

No puedo olvidar todavía su rostro, sus ojos color miel y el tono rojizo de su melena. Como sus ultimas lagrimas brotaban en su rostro, como poco a poco rompí su corazón y traicione su alma. Ella confiaba en mí, y no fui capaz de prestarle ayuda. Preferí quitarle la vida.
-Ya está hecho. Toma la dirección de la siguiente. – Le tiendo un papel sin mirarle a la cara. – ¿Qué hiciste? – su voz es seca y cortante, se le nota enfadada, y a mi indiferente. – Eso ya no es asunto tuyo, haz lo que te digo. – coge el papel lo guarda en el bolsillo trasero de su pantalón. – ¿A esta también le dirás que la quieres, o lo reservaras para otra? – Mi mano vuelve a cobrar vida propia y se alza, pero mi mente pone barreras y la frena. – Realmente la quiero. – mis ultimas palabras no la dejan indiferente y según se va dirección a la puerta no me quita el ojo de encima.

– Recuerda su nombre Erin Balruíz, esta nos tiene que durar más. – Se va alejando, y sus palabras con ella.

 

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Coactio.

“Me encuentro tumbada, bajo la sombra de un árbol. El sol se está poniendo y empieza a refrescar. Una pequeña mariposa de colores vivos se posa en mi antebrazo, se queda quieta. Siendo tan frágil, tiene esa confianza en mí. Después de unos segundos despliega sus alas y hecha a volar. ¿Soy yo esa mariposa?, claro que no, me falta esa libertad, esa de la que ella gusta.”

Abro los ojos y la realidad me golpea en la cara. Solo me queda mi imaginación, para poder escapar de aquí durante segundos y creer que soy libre. No me puedo frustrar, tengo que encontrar la manera de salir. Recordando siempre que la cámara me observa. Tiro de los grilletes, no son muy cortos, pero me permiten algo de movilidad, la justa para rastrear algo de un lado de pared. Minuciosamente, palmo la pared, es ladrillo visto, alguno tiene que quedar suelto, un tornillo oxidado o algo que permita protegerme la próxima vez que Elliot decida aparecer. Es inútil con estas cadenas no tengo la suficiente agilidad para moverme bien, tengo que convencerle para que me suelte. Me siento en el colchón, es algo asqueroso, pero ahora es lo único que tengo, y no puedo moverme de ahí. Hecho mi cabeza hacia atrás, y mi cabeza empezar a maquinar formas de engañar a Elliot.

Oigo voces detrás de la puerta, sea donde se encuentre no está solo. ¿Quién podría ayudar en esto?
Empiezo a pensar que mi mejor amigo es imposible hacerme esto, alguien ha tenido que coaccionarle, algo tiene que haberle pasado. El nunca me haría esto. Pasos se acercan a estas cuatro paredes que me retienen, vienen juntos. El chirrido de la puerta es desagradable al tímpano, entra él, tras él cierra la puerta. -Dile a tu amigo que pase, ¡así seremos más! – Guiño un ojo de forma sarcástica y enfoco una sonrisa asqueada.  El me responde con otra sonrisa, se sienta a mi lado y deja la bandeja en el suelo. Me mira, solo me mira, saca como no del bolsillo del pantalón, un cuchillo, juega con el en su mano, y lo gira sobre su pulgar. – ¿Que te hace pensar que ahí alguien hay fuera? – me mira con un aire de superioridad, que eso es lo que rompe mi idea de que siga ahí mi amigo, y por lo que pienso que haya alguien más. -Será mi imaginación, pero juraría que os escuche discutir, y luego avanzar junto a ti hasta mi celda. – sigo manteniendo mi sonrisa sarcástica, a un que cada vez me dan más ganas de llorar, de gritar papa, mama ayudadme. De nada me sirve ahora mismo, si no soy fuerte, si no me ayudo, no saldré de aquí. Nos miramos mutuamente a los ojos, y una lagrima cae de mi ojo, y recorre mi rostro. El la recoge, la besa y vuelve a posar sus ojos en mí. – Confía en mí. – Esas palabras salen de su boca como un susurro.

Unos golpes provienen de la puerta, ahora la lagrima se le escapa a él, agarra con una mano mi espalda, y al acercarse hacia mí, noto mi abdomen romperse, como arde mi vientre. El frío viene a mí, el se separa de mi lado y se levanta, llevo mis manos a mi vientre, el cual está sangrando. Me siento estupefacta, no consigo articular palabra alguna. Solo brotan lagrimas de mis ojos, y el ardor en mi abdomen empieza a ser más fuerte. Le miro, y él se va alejando, tampoco habla, y sus lagrimas también son evidentes. Pero allí me deja expuesta, y me deja sea lo que vaya a ocurrirme.  Antes de que mis ojos dejen de mostradme lo de mi alrededor, una sombra cada vez más difusa se acerca, y me susurra algo. -Que te sirva de advertencia.

 

 

Otro día que pasa para la protagonista. ¿será el último?

 

La tarea del escritor consiste en mostrar como el contexto social influye en la psicología personal.
» Thomas C Wolfe

#Aneizar.

 

Ipsum.

“La brisa, las olas de fondo, sentir la arena en la planta de los pies.  – JAJAJAJA, ¡MAMA, ESPÉRAME! – Una niña de pelo cobrizo, ojos color miel y tez clara, corre detrás de su madre, su tierna sonrisa denota felicidad en su rostro. Me voy acercando cada vez más a esa niña y a su madre, reconozco sus rostros. – ¿Mama, eres tú? – Me oigo de fondo, pero cuando vuelvo a mirar a la niña ya no está. – Hija, ¿seguimos jugando? -Mi desconcierto es obvio, y mi madre me mira extrañada. En un volteo, pierdo a mi madre de mi campo de visión, como con mí yo de 8 años.
– ¡NEI, NEI!, percibo a mi padre, esta dentro del agua. Agita sus manos, me pide que me adentre con el en el océano. Cuanto más me intento acercar a él, mas lo pierdo, hasta que se desvanece. Una fuerza que emerge del fondo del mar se aferra a mi tobillo, e intenta sumergirme, lucho, intento soltar la atadura invisible que me arrastra, lo va consiguiendo y poco a poco la falta de oxígeno, me impide luchar y me voy dejando, cada vez todo es más oscuro…”

Me despierto agitada, sin poder volver a moverme, toda mojada, mi respiración agitada vuelve a retumbar en mi cabeza, mis gritos están saliendo fuera de ella y mis ojos van percibiendo los colores y las luces de mi alrededor. Mi nariz vuelve a percibir ese hedor, el recuerdo me va viniendo. Jamás salí de mi presidio. -Pens que ya no estabas en este mundo, llevas todo el día sin comer. – Cuando miro a Elliot mi cara de desagrado es evidente.  – Otra vez me amarraste, ¿qué soy un preso del Medievo?, quítame los grilletes, o ¿estás destinado a ser mi verdugo? – Tiro de mis articulaciones, queriendo escapar de mis ataduras, y un grito se hace sonoro, salido desde lo más profundo de mi garganta. – La única manera de que me dejes darte de comer, yo solo quiero cuidarte. Nunca me dejaste realmente, solo sabias hablar. ¿Realmente alguna vez me escuchaste? – Su forma de hablar, su expresión facial, me encuentra con un verdadero desconocido.
¿Soy la responsable de todo esto realmente? – ¡Estas enfermó y necesitas ayuda!, ya no sé si tengo odio hacia ti o me das lastima. ¡SUÉLTAME MALDITO HIJO DE PUTA! – Realmente ya no sé si me tengo que culpar, pero mis sentimientos ahora están muy mezclados, por qué realmente yo me he criado junto a él, nos conocemos desde la guardería, y siento verdadera pena por su estado mental. – Realmente yo no sé que mierda ha consumido Elliot, para hacerme esto, parece todo sacado de un guion malo, una película de tercera. – El me mira y es boza una sonrisa, que para nada resulta tranquilizadora. Acerca a mi boca un cuchara, pero mis labios están sellados. Lo intenta de nuevo varias veces. – ¡A LA MIERDA!, no comas si no te da la gana, ya tendrás hambre. – tira la bandeja al suelo, con todo lo que tenía encima. El estruendo del plato contra los ladrillos para mis oídos es atronador, me coloco de rodillas en el colchón y hundo mi cabeza entre mis rodillas, entre sollozos oído la puerta cerrar, y por el rabillo del ojo, detecto como Elliot se marcha. Mi vista va nublándose, mis ojos son empañándose por las lágrimas que originan.

 

Solo puedo pensar en si me estarán buscando…

 

Continuamos con el relato, la verdad mi mente no para de pensar en posibles continuaciones, y también en otros relatos diferentes.

 

En el proceso de la escritura la imaginación y la memoria se confunden.
» Adelaida García Morales

 

#Aneizar.

Volo vincere ludum tuum.

– Ahora te soltaré, no chilles, nadie puede oírte. No quiero ningún movimiento, ¿de acuerdo? – Asiento, ya que noto el frió cuchillo en mi garganta. Las cuerdas de mis muñecas se van aflojando y empiezo a notar la movilidad de estas, los siguientes son mis tobillos, cada vez huelo más cerca mi libertad, pero tengo que ser más lista que el… – ¿Estás más tranquila? – en su mirada creo ver a mi amigo, en el que yo siempre confié. Le miro confundida con lágrimas en los ojos. Veo su mano acercarse, acariciar lentamente mi cara, mi cuerpo se contrae mostrando repulsión ante la caricia. El miedo recorre mi cuerpo y cada centímetro de mi piel se hiela de aversión. Con la misma mano alza mi mentón, para que le mire a la cara, le contengo la mirada, con desafío. – Podías haber hecho las cosas de otra manera. – Esta vez retiro mi rostro, pero él, esta vez, agarra con más fuerza mi mentón, se acerca, no articula ninguna palabra, poco a poco lo siento más cerca. Puedo oler su aliento, característico, chicle de menta fuerte. Posa con agresividad su boca sobre la mía, forcejeo con él, intento quitarlo de encima, mi pulso se acelera, mi nerviosismo se hace ver, mi respiración agitada y mis lloros son evidentes, pero el me recuerda que tiene el control, inca mas el cuchillo, lo insinúa más fuerte sobre mi cuello. Se acerca a mi oreja, – No me has dejado de otra opción. – Se aleja, y se oye el tranco de la puerta cerrarse desde el otro lado.

Me acerco lentamente hacia la puerta, poso mi oreja en ella, es fría y metalizada, esta algo oxidada. Detrás de ella no consigo escuchar ningún ruido. Miro alrededor de mí, percibo un objetivo, arriba, en una esquina, – ¡FANTÁSTICO!, NO TE VALE CON VENIR A TORTURARME, QUE ME CONTROLAS CADA SEGUNDO. – Grito a la cámara, a un que seguro no me escuche. No veo ninguna ventana, ni conducto de ventilación, solo un colchón mohoso y la cámara. Solo me queda que él regrese y sacarle los ojos, si me veo con valor. O tratar de engañarlo, ganarme su confianza y que me saque de aquí. Me recuesto en el colchón, para dejar durante un rato mis pensamientos ir…

 

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-> Aquí os adjunto un relato que empece con 13 años. Me pareció bien recuperarlo y ver que puedo continuar en el…

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Égloga

rnrnrnrn
Desde que supe cuál era mi destino no quería afrontarlo, vivir y salir huyendo, o sacar mi valentía y morir. Sabía cómo iba a acabar todo y yo decidí  la segunda opción.

·primer capitulo.- Él.

 

 

 

Bueno encontré este relato por ahí perdido… y veo que es un caos, así que voy a ver que jugo puedo sacarle.
Estoy aprendiendo a entenderme con este nuevo amigo (no lo veo difícil), ya que llevo tiempo sin ordenador creo que no se me ha olvidado todavía.

Bueno voy a ponerme en modo construcción… a ver que hacemos con <<Zafiriti>>.
😉

#Aneizar.

Incommunicado.

 

¿No os ha pasado nunca el pasaros días al margen y nadie lo noté?, pues a mí si, estos días, tantos días sin escribir en el blog (pero no en el papel), fue por qué murieron mi móvil y mi ordenador…

Móvil ya lo tengo solo queda el ordenador 😊. ¡LO ESTOY DESEANDO DE VERÁS!

Bueno prefiero mil veces el ordenado… pero de momento me conformaré con escribiros por aquí, a ver que tal la tarea.
Mañana continuare con esa historia que deje pendiente…

 

 

(Este fue mi refugio el mes de agosto).

 

 

#ANEIZAR.