Anclados en bucle 4. – Realidad oscura.

 

Estamos buscando en todos los vagones, no vemos en ningún momento al hombre que cuenta los billetes, la verdad que la situación me está poniendo la piel de gallina, con constantes escalofríos. En la cara de Samuel veo que el esta, igual, nos encontramos algo solos, no vemos a nadie en los vagones, no sabemos realmente si hubo alguien antes, el otro hombre se fue en dirección contraria y la señora se quedo en el vagón hablando con su perro. Vamos llegando a la cabina del maquinista, no hemos visto a nadie en todo el trayecto, también nos hemos dado cuenta que al pasar de nuestro vagón al siguiente, todo ha sido oscuridad, tanto en el exterior, como en el interior del tren. Al principio pensamos que seria un fallo del tren, pero vimos que la cabina del maquinista estaba completamente alumbrada, a través de la ventana vemos una figura sentada en una silla, de frente a los mandos del tren, no se mueve, pero ahí esta. Samuel intenta abrir la puerta, esta está cerrada, ambos nos miramos extrañados, Samuel golpea varias veces la puerta, el hombre no se gira para vernos. Volvía a sentir en mi cuerpo los escalofríos y la piel de gallina la sentía cada vez más tensa, en mi hombro derecho la presión se podía sentir, como si algo o alguien tirase de mí, pero al girarme y comprobar no podía ver a nadie, algo me decía que nos fuésemos de ahí. La presión ceso, esta vez un susurro, como una pequeña frisa, silbaba en mi cabeza.

-¿Lo escuchas? – Me dirijo a Samuel. –

-¿El que? Yo no escucho nada. – Deje de darle importancia, mi mente ya me estaba jugando una mala pasada y no seria nada.- Al volver al vagón saliendo de la zona de la cabina, sentada en los primeros asientos se encontraba una chica, rubia y muy pálida. -Ella, no estaba antes, ¿verdad? – Samuel no dice nada, va directo a donde está la chica sentada.

 

-¿De donde has salido? – El se sienta al lado de ella, pero ella no contesta. Lentamente levanta su cabeza y dirigiéndose a ambos. -Huir, cuando podáis huir, o no saldréis nunca de aquí.- Su voz, me recordó al susurro de hace un momento, pero al mirar a Samuel y este devolverme la mirada, la chica desapareció delante de nosotros, pero en el aire podíamos seguir escuchándola, ese susurro se quedaba en el aire. Continuamos para ir a nuestro vagón y advertir a las otras dos personas que viajaban con nosotros, al llegar al tercer vagón, la luz volvió de repente y de nuevo se podía ver el paisaje de fondo a través de las ventanas de este. Al cambio de vagón, donde las salidas, a mí circulo visual veo la manilla de emergencia para detener el tren, no lo pienso y tiro con todas mis fuerzas de él. Consigo parar el tren, Samuel corre hacia la puerta, esta completamente bloqueada. –

-¡Mierda! ¡Vamos hacia la siguiente puerta! – Dice Samuel, mientra tira de mi brazo hacia delante, al llegar a la siguiente puerta el tren se pone en marcha de nuevo, a contra marcha, Samuel tira de la manija, quedándose con ella en la mano, el tren comienza a ir más rápido, no se detiene en ningún momento y nuestras caras de miedo van alargándose mientras el tren va cogiendo velocidad. Cuando ya casi no se puede percibir nada, casi un sonido hueco, como una explosión vacía. Todo vuelve a ser negro, no puedo escuchar a Samuel, y estaba vez la explosión se va acercando. La luz vuelve y a través de la ventana se ve el humo y el fuego acercarse, Samuel me da la mano, ya está ahí. 08 de enero 2019 Esperando el tren para volver a Gotxea, este hoy está tardando más de lo normal, compruebo de nuevo la hora, espero que llegue pronto o el viaje sera largo y pesado. Cuando por fin llega, me subo a mi vagón y miro en mi billete cual es el asiento asignado. Me iba a poner una película, pero saco uno de mis libros, sé que con lo largo que sera, podre terminarlo. Llegamos a la siguiente parada, sube al tren un chico, no presto atención, el libro me tiene muy absorbida.

-¿Perdona? Llevo ya media hora en el tren, el contador de billetes no ha pasado. – Salgo de mi mundo particular, realmente no recuerdo haber visto a nadie más entrar al vagón que no fuese el chico. Lo cierto, ahora que me preguntas, a mí tampoco me han venido a pedir el billete. Bueno ya vendrán. – El chico asiente, el saca su móvil y unos cascos y mira a través de la ventana. Yo vuelvo a mi libro y ninguno de los dos vuelve hablar. Tras varias horas en el tren llegamos a la siguiente parada, en ella sube un matrimonio joven con dos niños, se sientan al fondo del vagón. Ambos niños no paran de corretear por todo el vagón, jugando al pilla-pilla, la madre no para de hablar por el teléfono y el padre intenta hablar con ellos para que se sienten. El ultimo en subir un hombre que se sienta en los asientos siguientes al mio. El tren, continua y pasado un rato las luces del vagón comienzan a fallar, hasta que se funden y nos quedamos a oscuras. Los niños comienzan a chillar, la madre pido al marido que vaya a ver que pasa y este le discute que mejor llamen al timbre que venga el revisor (debe de ser el contador de billetes, cierto que es el revisor, no me acordaba yo del nombre). Cuando levanto la vista, detrás del cristal de la puerta, observo una sombra que pasa de largo. Me levanto y dirijo hacia allí, podría ser el, que está comprobando que la gente este en calma, algún fallo técnico o cualquier otra cuestión. Al tirar del manillar este no funciona, parece atascado.

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-No veo nada, ¿Alguien podría alumbrarme aquí?- El padre de los niños se acerca con la linterna del móvil y me alumbra hacia el manillar, pero no vemos nada, al levantar la linterna vemos un horrible rostro grites, ambos nos asustamos y gritamos ciertas palabras no aptas para menores. –

-¡SU PUTA MA…! – Decimos ambos.-

-¡Antonio esa boca! ¡Los niños! – Regaña la mujer al hombre. –

-¿Que era eso? – Digo al hombre, vuelvo a girar la manija de la puerta, esta vez se abre.-

-¿Enserio vas a entrar? ¿No has visto eso? – Sé lo que he visto, el también, pero quiero saber que pasa.-

-Te acompaño.- Dice el chico de la primera parada. De la nada un nombre viene a mi cabeza, y mi boca lo dice sin preguntar a mi cabeza si es lo correcto.-

-¿Samuel? – El chico sorprendido me responde, preguntándome lo mismo. –

-¿Ruth? – Yo asiento, ambos comenzamos a buscar en el vagón dos rostros conocidos en nuestra mente. Pero aquí no están.

-¿Os conocéis? -Nos pregunta el hombre misterioso.-

-No estamos seguros.- Contestamos los dos al unisono.

*Foto de Uriel soberanes en Unsplash.*( Imagen destacada)

*Foto de Diego Duarte Cereceda en Unsplash.*

Anclados en bucle 3 – Enlaces.

Anclados en bucle 2 – Realidad cero.

Anclados en bucle 1- Nuevo relato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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Os recuerdo este post, por si os animais a participar.

Y este mes me anime a presentarme en el concurso de micro relatos de terror nosferatun. Algo diferente y desde luego de mí genero. Con mucha ilusión. Dando link en el enlace tendréis toda la información, si os gusta os animo. La inscripción no es mucha y es una manera de conocer y de […]

a través de Concurso de microrelatos de terror Nosferatun. — In fiducia

 

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El curso.

Alto, moreno, decidido y buena persona. Son unas palabras que vienen fácil a mi cabeza para describirle, era habilidoso y atento. Cada mañana tenia un reto, que todos los días debía pasar ante la mirada acusadora de ella. Pero como cada día ella no le dejaba pasar el corte, debía repetir de nuevo la acción, hasta que por lo menos fuera pasable. Hace unos días, se inscribió a un curso, puso mucho empeño e ilusión para que ella viera los resultados de su esfuerzo. Tras unos meses pasando 2 largas horas aplicando sus nuevos conocimientos. Llego el gran día, como cada mañana, se levantaron, desayunaron y se arreglaron. – Intenta hacerlo bien.- Ella extendió el peine en sus manos. El le desenredo el pelo, lo peino y comenzó a entrelazar sus dedos en el pelo, haciendo la mejor trenza posible. Ella, miro en el espejo una vez el finalizo.

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– ¡SI PAPI! Lo conseguiste.- Ella, fue a los brazos de su padre y de los ojos de él brotaron lagrimas de felicidad. Ella estaba contenta y él había conseguido un pequeño logro, consiguiendo un recuerdo único para siempre.

*Photo by Element5 Digital on Unsplash*


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Tu protagonista se mira en el espejo y ve algo que no debería estar ahí. 3/52 Reto.

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El portal.

En camerinos siempre todo es estrés y nervios. Todo el mundo corre y va a contra reloj, es lo que hay cuando eres un artista. La maquilladora me pidió que fuese un rato antes, ya que una compañera había fallado y tenia doble trabajo, siendo sincera no es asunto mio, pero si no quiero salir como un adefesio, prefería ir antes. Me siento en el sillón de frente al espejo, las bombillitas del tocador me cegaban, pero su reflejo destellaba a través del espejo, cada vez con más intensidad, así que sin cerrar los ojos del todo, puse detalle a lo que el espejo me quería mostrar. Ese destello ceso cuando la maquilladora hizo acto de presencia, ella estaría en medio y tapo el destello. Antes de terminar el encargado de bastidores la hizo llamar, me volví a quedar sola y pronto el destello volvería. Me di cuenta que el destello procedía de una caja detrás de mí, era de madera y parecía un estuche antiguo, seria atrezo para la obra, la curiosidad me pudo y lo abrí. Dentro había un collar con una gran esmeralda en el centro, no sé por que fue pero sentí la necesidad de probármelo y así lo hice.


Cuando María salia para la puesta en escena detrás de ella, sé la podía ver todavía en el espejo, allí quedaba su reflejo, que sonreía de una manera que asustaba y antes de desaparecer los ojos del reflejo tornaron blancos, hasta fundirse por completo en una niebla dentro del espejo hasta desaparecer por completo.

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Al natural.

Al natural, sin envoltorios. Con mis ojeras después del trabajo y sin descanso.
Siempre subo dibujos y caricaturas, ¡me encantan!
Hoy tenía ganas de mostrarme, sin esconderme tras la pantalla y dibujo. Hoy si tenéis un rostro.