Vuelve la magia al blog.

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El poder, sin la responsabilidad.

Sentir como el poder recorre cada parte de mí cuerpo, cómo crece dentro de mí y sé apodera de mí mente. Sin importar cuánto queda de mí.

Evoluciona cada día y me hace sentir poderosa(única). Pero nadie puede llegar a comprenderne… me temen. Yo también tengo miedo, sin saber que yo puedo con ello y que soy la propia llave a mí libertad.

Escribe una historia sobre la maternidad. 28/52 RETO

La vida con el soldado y el dulce embaucador.

— El pequeño soldado apunta, comprueba la dirección del objetivo y dispara. El chorro sale en dirección a mi rostro, yo consigo esquivarlo.—

—Marla, es un niño. No es para tanto. —Mi marido me metió en todo esto. Mi embaucador.

Hace a apenas un año, yo no me veía así ni por asomo. Yo veía mi futuro, viajando junto a mi pareja. Conociendo inhóspitos parajes, lugares lúgubres, donde poder conocer historias de fantasmas. Pero no, ahora mismo mi mayor aventura. Es cambiarle el pañal a mi bebé, con a penas 3 meses es todo un profesional. ¿En qué? en mearme con cada cambio de pañal. No es lo único hay más. Esto de la maternidad es un mundo, todavía no habla. Pero sabe pedir lo que quiere. Otra de mis aventuras, es la lactancia materna. Un mundo lleno de posibilidades… Desde maquinas que te ordeñan como una vaca, hasta pezoneras, (para ayudarte a dar el pecho, no me veo ahora haciendo cabaret. Aún que teniendo en cuenta, los pechos ya los tengo todo el día al aire).
También otra cosas muy satisfactoria de ser madre, es cuando esa pequeña parte de ti. Sonríe cada mañana al verte, luego llega la noche y llora. Y hay, es cuando se te pasa. Pero todavía queda mucho por recorrer junto a el, sus primeras palabras, sus primeros pasos, sus dientes de leche, el colegio, su primera pareja, la universidad… Madre mía que pereza todo. Mejor me apoyo en su cuna y sigo observando lo bonito que es dormido y lo mucho que queda para todo lo anterior. Disfrutaré de lo bueno de la maternidad y de lo malo también. Por que eso es tener un hijo, disfrutar de cada momento y ellos con nosotros. La vida te da ese regalo, crear una vida dentro de ti y a partir de eso, compartir cada momento especial y único con la persona que más amas y amaras.

Haz un relato sobre un personaje con síndrome de abstinencia. 27/52 RETO. -La comida del tigre.

La comida del tigre

—Tú podrías ser una gran mascota. Pero mi madre me enseñó, a no jugar con la comida.— Intento ignorar al tigre, que me lleva hablando media hora. ¿O una hora? No lo tengo muy claro. No tengo reloj, ni teléfono y no se como marcharme. Mi única compañía, es este bicho que se niega a dejarme.

Pero me deja, y me quedo sola. Grandes copos de nieve caen por encima de mí. El frío recorre cada parte de mi piel, y la angustia del deseo por mi medicación, me impide ver la verdadera realidad. No sé los días que llevo, viajando por mi mente. Lo que si se, es que los días sin dormir, se pasan rápido y se sufren lentos. Los continuos llantos, no me dejan relacionarme con el resto se seres humanos de mi vida. Seres conscientes de su existencia, seres que no son conscientes de la mía. Yo no soy consciente de mi mismo.
¡Maldito sea mi nerviosismo! Ese que aumenta, que engaña a mi mente. Queriendo y sintiéndo la necesidad de relajarla con más ansiolíticos. Esos mismos que se duplican en dosis, para hacerme más adicta a ellos. Los oigo como me llaman. No puedo encontrarlos, los oigo como lloran, por mi ausencia y yo con ellos por la suya. Todo un espacio de sin sentido.

Alguien se acerca, arrastra con la boca una manta. Ese estúpido felino parlante, está de regreso. Parece que le importó a alguien, quiere cuidarme. O solo intenta transportarme, para después engullirme.
Ese bicho, vuelve a desaparecer como polvo. El frío cada vez es más fuerte, y sé que las alucinaciones que vivo, superan al resto.

Lejos ya de todo sufrimiento, dejando de padecer. Puedo verme, tirada en ese sofá cochambroso. Como mis ojos, sin brillo y sin vida en la mirada. Se tiñen con un manto blanco. La boca cubierta de espuma, acompaña a las gotas de sudor que quedan en la frente. Todo combinado con el color violáceo que está cogiendo mi piel. El gran tigre, ahora es un pequeño peluche y la nieve ha desaparecido. Pudieron pararme, pudieron identificar mis síntomas. Pero gracias a mi y la terquedad, con la que negué querer ayuda. Todos mis seres queridos, me dejaron sola. Después de meses luchando junto a mí, hasta que les deje claro que yo mandaba en mi vida.

Ahora ya no puede mandar nadie, yo misma arruine eso. Ahora puedo ser libre, hasta de mí. Y mi falta de amor propio.