Anclados en bucle 4. – Realidad oscura.

 

Estamos buscando en todos los vagones, no vemos en ningún momento al hombre que cuenta los billetes, la verdad que la situación me está poniendo la piel de gallina, con constantes escalofríos. En la cara de Samuel veo que el esta, igual, nos encontramos algo solos, no vemos a nadie en los vagones, no sabemos realmente si hubo alguien antes, el otro hombre se fue en dirección contraria y la señora se quedo en el vagón hablando con su perro. Vamos llegando a la cabina del maquinista, no hemos visto a nadie en todo el trayecto, también nos hemos dado cuenta que al pasar de nuestro vagón al siguiente, todo ha sido oscuridad, tanto en el exterior, como en el interior del tren. Al principio pensamos que seria un fallo del tren, pero vimos que la cabina del maquinista estaba completamente alumbrada, a través de la ventana vemos una figura sentada en una silla, de frente a los mandos del tren, no se mueve, pero ahí esta. Samuel intenta abrir la puerta, esta está cerrada, ambos nos miramos extrañados, Samuel golpea varias veces la puerta, el hombre no se gira para vernos. Volvía a sentir en mi cuerpo los escalofríos y la piel de gallina la sentía cada vez más tensa, en mi hombro derecho la presión se podía sentir, como si algo o alguien tirase de mí, pero al girarme y comprobar no podía ver a nadie, algo me decía que nos fuésemos de ahí. La presión ceso, esta vez un susurro, como una pequeña frisa, silbaba en mi cabeza.

-¿Lo escuchas? – Me dirijo a Samuel. –

-¿El que? Yo no escucho nada. – Deje de darle importancia, mi mente ya me estaba jugando una mala pasada y no seria nada.- Al volver al vagón saliendo de la zona de la cabina, sentada en los primeros asientos se encontraba una chica, rubia y muy pálida. -Ella, no estaba antes, ¿verdad? – Samuel no dice nada, va directo a donde está la chica sentada.

 

-¿De donde has salido? – El se sienta al lado de ella, pero ella no contesta. Lentamente levanta su cabeza y dirigiéndose a ambos. -Huir, cuando podáis huir, o no saldréis nunca de aquí.- Su voz, me recordó al susurro de hace un momento, pero al mirar a Samuel y este devolverme la mirada, la chica desapareció delante de nosotros, pero en el aire podíamos seguir escuchándola, ese susurro se quedaba en el aire. Continuamos para ir a nuestro vagón y advertir a las otras dos personas que viajaban con nosotros, al llegar al tercer vagón, la luz volvió de repente y de nuevo se podía ver el paisaje de fondo a través de las ventanas de este. Al cambio de vagón, donde las salidas, a mí circulo visual veo la manilla de emergencia para detener el tren, no lo pienso y tiro con todas mis fuerzas de él. Consigo parar el tren, Samuel corre hacia la puerta, esta completamente bloqueada. –

-¡Mierda! ¡Vamos hacia la siguiente puerta! – Dice Samuel, mientra tira de mi brazo hacia delante, al llegar a la siguiente puerta el tren se pone en marcha de nuevo, a contra marcha, Samuel tira de la manija, quedándose con ella en la mano, el tren comienza a ir más rápido, no se detiene en ningún momento y nuestras caras de miedo van alargándose mientras el tren va cogiendo velocidad. Cuando ya casi no se puede percibir nada, casi un sonido hueco, como una explosión vacía. Todo vuelve a ser negro, no puedo escuchar a Samuel, y estaba vez la explosión se va acercando. La luz vuelve y a través de la ventana se ve el humo y el fuego acercarse, Samuel me da la mano, ya está ahí. 08 de enero 2019 Esperando el tren para volver a Gotxea, este hoy está tardando más de lo normal, compruebo de nuevo la hora, espero que llegue pronto o el viaje sera largo y pesado. Cuando por fin llega, me subo a mi vagón y miro en mi billete cual es el asiento asignado. Me iba a poner una película, pero saco uno de mis libros, sé que con lo largo que sera, podre terminarlo. Llegamos a la siguiente parada, sube al tren un chico, no presto atención, el libro me tiene muy absorbida.

-¿Perdona? Llevo ya media hora en el tren, el contador de billetes no ha pasado. – Salgo de mi mundo particular, realmente no recuerdo haber visto a nadie más entrar al vagón que no fuese el chico. Lo cierto, ahora que me preguntas, a mí tampoco me han venido a pedir el billete. Bueno ya vendrán. – El chico asiente, el saca su móvil y unos cascos y mira a través de la ventana. Yo vuelvo a mi libro y ninguno de los dos vuelve hablar. Tras varias horas en el tren llegamos a la siguiente parada, en ella sube un matrimonio joven con dos niños, se sientan al fondo del vagón. Ambos niños no paran de corretear por todo el vagón, jugando al pilla-pilla, la madre no para de hablar por el teléfono y el padre intenta hablar con ellos para que se sienten. El ultimo en subir un hombre que se sienta en los asientos siguientes al mio. El tren, continua y pasado un rato las luces del vagón comienzan a fallar, hasta que se funden y nos quedamos a oscuras. Los niños comienzan a chillar, la madre pido al marido que vaya a ver que pasa y este le discute que mejor llamen al timbre que venga el revisor (debe de ser el contador de billetes, cierto que es el revisor, no me acordaba yo del nombre). Cuando levanto la vista, detrás del cristal de la puerta, observo una sombra que pasa de largo. Me levanto y dirijo hacia allí, podría ser el, que está comprobando que la gente este en calma, algún fallo técnico o cualquier otra cuestión. Al tirar del manillar este no funciona, parece atascado.

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-No veo nada, ¿Alguien podría alumbrarme aquí?- El padre de los niños se acerca con la linterna del móvil y me alumbra hacia el manillar, pero no vemos nada, al levantar la linterna vemos un horrible rostro grites, ambos nos asustamos y gritamos ciertas palabras no aptas para menores. –

-¡SU PUTA MA…! – Decimos ambos.-

-¡Antonio esa boca! ¡Los niños! – Regaña la mujer al hombre. –

-¿Que era eso? – Digo al hombre, vuelvo a girar la manija de la puerta, esta vez se abre.-

-¿Enserio vas a entrar? ¿No has visto eso? – Sé lo que he visto, el también, pero quiero saber que pasa.-

-Te acompaño.- Dice el chico de la primera parada. De la nada un nombre viene a mi cabeza, y mi boca lo dice sin preguntar a mi cabeza si es lo correcto.-

-¿Samuel? – El chico sorprendido me responde, preguntándome lo mismo. –

-¿Ruth? – Yo asiento, ambos comenzamos a buscar en el vagón dos rostros conocidos en nuestra mente. Pero aquí no están.

-¿Os conocéis? -Nos pregunta el hombre misterioso.-

-No estamos seguros.- Contestamos los dos al unisono.

*Foto de Uriel soberanes en Unsplash.*( Imagen destacada)

*Foto de Diego Duarte Cereceda en Unsplash.*

Anclados en bucle 3 – Enlaces.

Anclados en bucle 2 – Realidad cero.

Anclados en bucle 1- Nuevo relato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

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Prima quae prius 9 -Ad extremum spiritum-

 

-Ad extremum spiritum-

Han pasado ya veinte semanas, a solo unos días de salir de cuentas, ya tengo elegida a la familia que se quedará al bebé. Mario me ayudo a elegirlos, es más fácil así para todos, ellos tienen un hijo deseado, nosotros podremos continuar con nuestras vidas y ese bebé inocente podrá tener una familia que le quiera sin ir de orfanato a una y otra casa de acogida. Ambos hemos escrito una carta, para que cuando sea adulto, decida si quiere conocernos, para entonces yo ya estaré lista y tratada para esa situación.

A un que después de tanto tiempo mi pensamiento debería de haber cambiado, apenas me han dejado ayudar en la búsqueda de la chica desaparecida y de las otras dos que le han seguido. Mi padre me ha repetido una y otra vez desde que volvió de sus viajes, que es lo que hay, que primero para él es mi salud mental, pero que no quiere decir que no quiera que aparezcan las otras chicas.
Sigo empeñada en volver al lugar e intentar sacarlas yo misma, pero ahora mismo esta enorme barriga me lo impide. Nei a un que no sale del Hospital todavía, cuando la voy a ver no deja de repetirme que debería de estar encerrada yo en vez de ella. Pero yo por lo menos no me auto lesionó como ella. A un que este mes ha mejorado bastante no está preparada para volver a casa y menos a meterse en aquel lugar de nuevo. Ha Mario sigo sin conocerle del todo y sigue sin terminar de convencerme del todo, pero estas últimas semanas le he dejado estar más involucrado, ya que llevó parte de su genética dentro de mí, pero tampoco es como para llamarlo amigo. He de reconocer que si volviese al lugar a él si me lo llevaría, sabe más cosas que yo, pero tampoco estoy segura de que no le traicionase. La psicóloga cree que todos esos pensamientos e ideas desaparecerán y volveré a mi vida normal sin estrés, podré volver a la normalidad y sé que no olvidarlo del todo, pero si aprender a llevarlo y a vivir con ello.


 

1 semana después…

Me encontraba en la bañera cuando empezó el dolor fuerte en mis riñones, un dolor que se extendía hacia mi enorme tripa. No lograba ponerme en pie, el dolor se intensificaba y por supuesto me encontraba sola en casa, para colmo el móvil lo deje cargando en mi dormitorio y mis padres habían salido una cena, tardarían un par de horas más mínimo. Cada vez que me intentaba poner en pie, la presión se hacía más presente en mi bajo vientre, llegando a notar un ardor que me obligaba a empujar. Estaba tan concentrada en expulsar al bebé, que no me percate de la presencia de ella frente a mí, no me habló y no pude identificarla del todo, iba muy tapada.
– Agarra al bebé cuando salga y baja al coche. Yo me encargaré de ella. – Dijo una voz de un hombre. Tampoco me era reconocida. Volví a lo que estaba y ya el último empujón y note la presión liberada. Antes de que pudiera tocarle la persona frente a mi lo agarro, lo tapó y corto el cordón, rápido deje de ver, la pérdida de sangre me fue robando la consciencia, si no recibía ayuda, me dejarían allí morir y robarían al bebé, Elliot no andaría muy lejos de ellos.

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Pensé que ya estaba a salvo, que ya se abrían olvidado de mí, pero no me habían perdido la pista, sabían bien donde estaba y como encontrarme. Sé que yo no era lo principal para ellos, si no lo que llevaba dentro, lo que ellos crearon. Siempre ha sido más de lo que podíamos ver, Mario lo dijo todo el tiempo, nunca le escuchamos.

Ya no notaba mis extremidades, mucho menos el poder mover las. No tenía fuerzas ni para articular una palabra, poco a poco escuchaba las voces más lejos, sin poder saber si seguían allí o no, mis ojos también dejaron de guiarse. La oscuridad me cubrió y todo fue fundido en negro.

Prima quae prius 8.

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Prima quae prius 6.

Prima quae prius 5.

Prima quae prius 4.

Princeps.

Prima quae prius 3.

Prima quae prius 2.

Prima quae prius

Normalis vitae.

Finita est.

BA ad.

Fuga consilium.

Ad inferis.

depresso.

Primo contactu.

Haec.

Peperit.

Coactio.

Ipsum.

Volo vincere ludum tuum.

Suspicionis.

Confodere.

Dolorem.

Hic incipit 2.

Hic incipit.

*Imagen destacada de FRESHFACES BLOG en pinterest*

*Imagen de Reflexiones de la vida en pinterest*


 

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La ciudad perdida.

-No viajo solo.- Dijo el brujo del mar. – Conmigo viene Eufasidés.- El viejo tritón de aspecto joven, sonrió al resto del consejo. –

-No hacen falta las presentaciones, ya nos conocemos. Hace unos días este tritón espió una de nuestras reuniones-Oceánides era intransigente a que estos dos seres entraran por completo en el centro de la ciudad. Se les veía insistentes y muy insistentes y llevar el control en todo el asunto de la explotación del ámbar.-

-Amigos del mar, ya les dije que podía ayudar con su problema, no hay por que temerme. – Entre el consejo compartían miradas pero ninguno articulaba palabra alguna. Odine ya había sido expulsada del consejo, en su lugar todavía no había nadie y Eufasidés enterado de todo quería ese puesto, para finalmente usurpar del todo la autoridad a Oceánides. El brujo del mar quería llegar a más que eso, siendo un ser cambia formas, sin saber a un su verdadero ser, para ser más allegado a los habitantes, había adquirido la forma de un tritón.-

-No crean que viniendo de la nada se les permitirá tan intrusión, aquí por supuesto no somos descortés, les permitiremos alojamiento y víveres, pero pronto puedan, tendrán que irse de la ciudad. No necesitamos la ayuda de extraños. – Eyádes fue tajante y sin mostrar ninguna flaqueza, extendió su mano, haciendo así un trato.-

-Querido joven es de agradecer lo que nos propone, pero pronto se dará cuenta de que somos su único apoyo. No se como creen que una joven sirena, sin ninguna experiencia y sin desarrollar su magia, puede salvar al mundo mágico. Son unos ilusos, con todo respeto. – Eufásides no retiro la mirada de Eyádes, manifestando que no se echaría para atrás tan fácilmente.

 


 

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Mientras tanto Lucille y sus dos compañeros de viaje, habían encontrado una de las ciudades ya perdidas, en ella ya no quedaba signo de vida. Era de las pocas ciudades donde cualquier ser mágico y acuático convivían en perfecta armonía. Todo aquello perdido, seria el primer lugar a investigar.

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El brujo del mar.

Oscuridad ámbar.

Caminando en tierra.

La Ciudad Ámbar.

Los puntos mágicos.

*Imagén de Pentsamendu putzuak en blogspot*(destacada)

*Imagén de Administración en Foro activo sirenas*


 

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Anclados en bucle 3 – Enlaces.

Ambos nos damos cuenta de que el tren es grande, cada vagón que pasamos, a un que llenos de gente, todos parecen estatuas. Samuel va delante de mí, al llegar ante la puerta del maquinista, de la nada aparece el contador de billetes. No articula palabra alguna, simplemente queda fijo antes nosotros, sin dejarnos paso. Samuel lo aparta hacia un lado, no parece poner resistencia a quedarse en su lugar, abre la puerta y yo entro detrás de él. Nos encontramos en el cambio de vagón a una puerta más de entrar donde el maquinista, el contador de billetes nos mira desde la ventana de la puerta anterior, con la misma mirada fría de antes. La puerta del maquinista está abierta, entramos.

-¿Hola? – La cara de miedo de Samuel es clara, supongo que al igual que la miá. No hay nadie manejando el tren, y cada vez este va cogiendo más velocidad.-

-¿Que ostias? No puede ser verdad, habrá ido al puto baño. – Eso queremos creer, pero la silla que hay esta fría. – Volvamos a nuestro vagón, hablemos con los otros pasajeros que si parecen estar más o menos conscientes (ya que la señora del perro, no parece estar muy cuerda). Samuel sale primero, me ofrece su mano para que le siga de cerca, ve una palanca de emergencias en el cambio del vagón y la coge, por lo que pudiese pasar una vez descubierto que estamos sin maquinista.

Al entrar en el primer vagón todos siguen inmóviles, sin prestarnos atención, el contador de billetes ya no estaba, vamos hacia nuestro vagón.

 

Al llegar al vagón la señora está dándole de comer a Fuffy unas galletitas con forma de hueso y el hombre, está enfadado intentando buscar cobertura por el vagón.-

-¿Sabéis por que no hay cobertura? ¿Donde estamos? – El señor va subiendo el tono de voz.-

-Nosotros tampoco tenemos cobertura, en el resto de vagones la gente no reacciona y lo más importante no hay maquinista.- El hombre levanta la cabeza, su expresión es de miedo. La señora sin dejar a un lado al perro, continua hablando con nosotros a través de Fuffy.-

-¿Pero que dicen estos chicos Fuffy? Sin maquinista, ya sabia yo que hoy era mi ultimo día aquí.-

-Pero que dice señora. Siga dándole galletitas al perro.- Dice el señor cada vez más frustrado. De golpe el tren frena, un frenazo que nos deja a todos los que estamos de pie en el suelo, me golpeo la cabeza con el asiento del final de vagón.-

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-¿Estáis todos bien? – Pregunta Samuel, el señor y yo asentimos. El tren arranca de nuevo pero esta vez marcha atrás, con más y más velocidad. Pronto a través de los cristales se deja de ver con claridad las vistas. El miedo ya se ha apoderado por completo de mí, la velocidad se puede notar en mi cuerpo, en las caras del resto, hasta en el ambiente. Dejo de verlos a ellos, dejo de ver nada, lo ultimo que logro escuchar es un gran impacto y todo queda hay.

 

08 de enero del 2019

Me encuentro esperando en la estación de San Marcos, esperando a que llegue mi tren para volver a Gotxea. En la estación me encuentro yo sola, son las 11am, no visualizo a nadie más. Al llegar el tren recojo mi bolsa y subo las escaleras de mi vagón, paso a la cabina de este y me siento en el asiento asignado, al lado de la ventana. Coloco mi bolsa debajo de mi asiento y saco unos auriculares y el portátil. Empiezo a sentir una gran sensación de dejavú. Me coloco los auriculares y pongo mi película favorita en el portátil. Una vez ya en marcha, por el vagón aparece un hombre de uniforme.

-¿Billete? – Como siempre, no encuentro mi billete, me pongo de pies y lo saco del bolsillo trasero de mis vaqueros, algo arrugado pero todavía legible. Lo perfora y me lo devuelve, después se marcha hacia el otro vagón. Después de un tiempo largo de viaje, comienza a comunicar que pronto llegaremos a la siguiente parada. Indiferente a ello, ya que no es mi destino continuo a mi película.

Pronto llegamos a la parada, en ella sube un chico, solo el, tiene el pelo oscuro y con una tez clara. Se sienta frente a mí, se coloca unos tapones en os oídos y saca un libro. Ninguno de los dos nos pronunciamos, ni siquiera nos presentamos. Ya algo cansada y finalizada la película, apago el portátil, saco un bocadillo y no dejo ni las migas. Al chico le debo de hacer mucha gracia, ya que echa alguna risita a mi costa. Me levanto para ir al servicio, ya anunciada la parada antes de que lleguemos. Sigo sintiendo la sensación que este día ya lo viví. En el servicio, no me deja de venir a la mente el nombre de Samuel, no sé por que. El tren frena y yo salgo del servicio de vuelta al vagón, el chico seguía allí sentado, me coloco en mi asiento y saco mi teléfono y los auriculares de nuevo para poner música. Entra a cabina un señor muy misterioso para mi gusto, vestido de negro con gorro, gabardina y malentín. Se sienta a mi lado (todo el vagón vació y los asientos nos los ponen a todos juntos). El chico se levanta y se dirige al servicio. El señor saca su teléfono y una especie de agenda, comienza a enfadarse.

-Chica, ¿Tienes cobertura? – Compruebo mi teléfono, en efecto, no tengo cobertura. Al regresar el chico del servicio, el señor también le pregunta a el, al igual que nosotros, el tampoco tiene cobertura, nos resulta bastante raro. Pero no le damos importancia. Varias paradas más, sube la ultima compañera de viaje, una señora mayor acompañada por su perro de bolsillo, si como los libros. El viaje continua, ninguno ha vuelto a decir nada, hasta que la señora rompe por completo el silencio. No habla directamente con nosotros, todo lo hace a través de su perro, no dice tampoco nada coherente, pero no hace pensar que la señora podría estar perdida, o tener alguna enfermedad respecto a su edad.

-Fuffy, sin maquinista, si, si, si, si, vamos sin maquinista. ¿Que dice mi perrito bueno? ¿El final? Lo sé Fuffy, pero ellos no. ¡Shhh! – La señora habla con su perro como si fuese un niño pequeño, hablando cosas bastantes perturbadoras. Los tres al oírla nos miramos. –

-¿Pero que dice señora? ¿Se encuentra bien? – Me pongo de rodillas y me dirijo directamente, haciendo contacto visual, necesito que vea que hablo con ella, ya que parece completamente ida. –

-Sí cariño, estoy muy bien, como tú. De momento.- Sus palabras me asustan y al echarme hacia atrás caigo de culo. El chico me ayuda a levantarme. Se dirige a mí, se acerca a mi oreja para susurrarme.-

-Llámame loco a mí también, pero estoy seguro de que ya viví este día. ¿Dime que te llamas Ruth? – Extrañada y cada vez más asustada, empiezo a creer por que yo también tengo la sensación y que todo podría ser.-

-Lo tengo confuso, pero yo también tengo esa sensación. – Levanto la vista y al mirarle le llamo por el nombre que llevo todo el día pensando.- Samuel.- El realmente no muestra confusión ninguna, pero me hace saber que tenia que ser así, si no, ¿como sabia su nombre? Solo hecho en falta una cosa. ¿El contador de billetes? Desde que yo subí, no volvió a pasar por el vagón.

*Foto de Uriel soberanes en Unsplash.*( Imagen destacada)

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Anclados en bucle 2 – Realidad cero.

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Anclados en bucle 2 – Realidad cero.

 

Al abrir los ojos, no puedo creer que lentos son cinco minutos, por que no ha pasado más que eso. La película se me hace pesada, decido apagar el portátil y sacar el móvil y escuchar algo de música. Visualizo a mi alrededor, no se han movido, todos siguen igual, el chico lee su libro, el señor sigue mirando su agenda y la señora sigue intentado comunicarse con su mini perro. Este viaje se me está haciendo pesado, muy pesado. Miro por la ventana, todo me aparece igual, como si viajásemos en círculos. Exactamente llevaremos ya seis o siete horas de tren, no sé exactamente que pensar, me encuentro bastante confusa, por el altavoz de la cabina, comunican la siguiente parada. Caminos Oteros. – Creo que esa parada, fue la anterior a la miá, donde yo cogí este mismo tren. Sera coincidencia, sera parecido el nombre, o leí mal antes de subirme. Al llegar a la parada, la vuelve a comunicar pero no para, tampoco le damos ninguna importancia, no abría nadie esperando. Después de tantas horas el chico decide comunicarse conmigo. – –

-¿No te parece que llevamos muchas horas, y muy poco movimiento, en un vagón tan grande?- Yo asiento, saco mi móvil de nuevo, para ver cuanta cobertura tengo y si puedo realizar alguna llamada. – Yo no tengo cobertura, ¿tú si? – Vuelve a dirigirse a mi. Yo tampoco tengo cobertura. Le digo que no gesticulando con mi cabeza. Me ofrece su mano y yo la estrecho con la miá.- Samuel.- Se presenta.

-Ruth.- Me presento yo. – Viajo a Gotxea, ¿tu?- Cuando va a decirme a donde se dirige el, frunce el ceño, parece confundido.-

-¿Eh? ¿Pues? No me acuerdo.- Saca de su bolsillo un papel, ¿en blanco?- Se supone que este es mi billete, está en blanco. – Saco el mio de mi bolsillo, tiene el agujero de la perforación, pero al igual que el de él, está en blanco.

-Perdona, ¿donde te dije que iba?, se me olvido. – Él comienza hacer gestos, intenta buscar las palabras, pero está mudo, no sabe que decirme. El hombre sigue a lo suyo, pero la señora sin dirigirse directamente a nosotros, habla con su perro, pero contestando a nuestras preguntas.-

-Fuffy, los niños no saben donde van. ¿yo tampoco? ¿lo olvide también? Si, lo olvide. ¿Quien es un perrito bueno? Fuffy es un perrito bueno. La señora completamente ida, con una voz ñoña y chillona, nos daba a entender que ella estaba tan perdida como nosotros, no dijo nada más, dejaba que su perro enano le lamiera la cara, mientras ella seguía hablándolo como a un bebe, cuando el adulto le dice gu-gu, ta-ta, y el bebe contestara jugando a eso. –

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-¡Caramba Fuffy!, mi billete, también está en blanco, ¿de donde veníamos? ¿a donde íbamos?, no sabemos. – Si seguíamos así, esto me iba a desquiciar a mi también, ¡me cago en Fuffy, en la señora, en todos los pasajeros y el maquinista del tren! Esto seguro era una maldita pesadilla y yo tendría que despertar. –

-¿Samuel? ¿me acompañas? – Levanta la cabeza.-

-¿Donde? – Parece que necesita detalles.-

-Pues hombre, averiguar donde estamos o que pasa aquí. A buscar al maquinista o al resto de pasajeros. – Asiente, se levanta y me deja pasar para que vaya la primera. Al dirigirme hacia la puerta, el perro comienza a ladrar, sin explicación. La señora lo intenta calmar, pero se baja de los brazos de su ama y se pone detrás de nosotros a seguir ladrando. Al abrir la puerta el perro pasa primero. La señora se levanta y va detrás de el, no muy lejos por que las puertas siguientes están cerradas. La señora vuelve a su sitio cerrándose la puerta al entrar ella. Nosotros vemos como el tren va cada vez más rápido, entramos al siguiente vagón, hay como 10 personas en el, pero nadie nos mira al entrar, nadie saluda, ni se mueven, son estatuas vivientes, ya que podíamos escuchar sus respiraciones, el calor en el vagón y hasta el pulso. Ambos nos miramos, ninguno de los dos cree la situación. Continuamos de vagón en vagón y es más de lo mismo. Tenemos que hablar con el maquinista.

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Anclados en bucle 1- Nuevo relato.

Compruebo mi billete para sentarme en el asiento que me asignan, en los asientos contiguos no hay nadie. Guardo mi bolsa debajo de mi asiento y me coloco los auriculares, los conecto a mi portátil, pongo mi película favorita y en lo que empieza compruebo los mensajes de mi móvil. Un señor se acerca de a mi, me retiro los auriculares, me está pidiendo mi billete y como me pasa siempre, no me acuerdo donde lo puse. Lo encuentro arrugado en el bolsillo trasero de mis vaqueros, se lo entrego y me vuelvo a sentar. Tras media hora de viaje, hacemos la primera parada en un pueblo cercano, aquí se subió mi primer compañero de viaje. Se sienta frente a mi un chico joven, de tez blanca y pelo oscuro. De su boca sale un simple hola, el saca un libro y unos tapones para los oídos. El viaje continua, vamos los dos solos en el vagón. Todo está en silencio, vuelve el hombre a comprobar el billete del chico y continua al siguiente vagón.adrian-261819-unsplash La película me entretiene bastante, pero todavía me esperan unas cuantas horas de viaje, vengo cargada de comida basura, un par de libros y alguna que otra película extra. El chico frente a mi levanta alguna vez la vista hacia donde me encuentro, pero no inicia ninguna conversación en ningún momento. Una vez finaliza la película ha acabado, apago el ordenador y saco un bocadillo que devoró. Me levanto para ir al servicio, pero el vagón se sacude ligeramente, frena de golpe y anuncian la parada. Decido esperar para poder ir al servicio una vez haya subido todo el mundo. Arranca el tren y esta vez no sube nadie, aparece de nuevo el hombre, pero según viene se va, ahora si me levanto y voy al servicio. Según abro la puerta para salir del servicio, el chico del vagón esta frente a mi.-

-¡JODER! Que susto me has dado chico.- Debo de ser muy graciosa, por que comienza a reírse. Menudo idiota, me siento de nuevo y saco el ordenador para poner otra película y comerme una bolsa de patatas. Vuelve el chico y el continua con su libro, levanta varias veces la cabeza y sigue riéndose, debe de reírse de mi forma de comer, ya que puedo comer como una cerda y no engordar ni un gramo, así es mi constitución. Empiezan anunciar otra parada más, nos vamos acercando a ella, ya desde lejos se ve una gran cola para entrar, esta vez el vagón se llenara, o eso creía, por que a el solo sube un señor bastante más mayor que nosotros, con una gabardina negra, un sombrero y un maletín de ese mismo color. Su saludo fue frio, pero tampoco veníamos hacer amistad, se sienta en el asiento contiguo al mio y comprueba una especie de agenda, mientras saca un teléfono algo prehistórico para llamar, se escuchan los botones al marcar al igual que pasas la rosca de la maquina de escribir. Señor engrase el móvil o cambíelo, este serie mi segundo compañero de viaje. Cada uno continuamos a lo nuestro, y tras varias paradas más y otras tantas horas de viaje detrás, sube la cuarta y ultima compañera de viaje. Una mujer bastante mayor, que viaja con un pequeño perrito metido en su transportin. Ella va hablando con el perrete, él contesta ladrando, casi como si realmente estuvieran entablando entre ellos un conversación, la mujer acomoda al perrete en sus pies y ella se sienta al lado del chico. Todo muy normal y común

firma, eso parece, pero en esas horas de viaje ocurriría lo que ocurre en cualquier novela de misterio. Continuar conmigo, os contare toda la historia de como nos anclamos al tren…

 

 

*Photo by adrian on Unsplash*

*Foto de Uriel soberanes en Unsplash.*

 


 

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El brujo del mar.

 

De nuevo cambiamos la ubicación del cuento, hoy nos encontramos pasando un día en el campo todos juntos, ya las dos están sentadas frente a mi en una manta, con el lago y los patos de fondo. Comencemos por donde lo dejamos.

El sol se refleja en nuestras colas y las descargas que estas sueltan no sirven para romper la gruesa red. La luz que hay, nos deja cegados y nos impide ver que hay al otro lado de la red. Un sonido brusco empieza a ser el centro de atención, la red comienza a vencer por el peso y los tres nos damos cuenta, decidimos hacer contra peso y que así podamos volver al agua. Finalmente conseguimos partir el gancho que cuelga la red y caemos de nuevo al agua, sin saber que o quien nos haya podido ver. Una vez libres, salimos a la superficie, debemos asegurar que no sale otra red. Vemos un gran barco pesquero de la zona y los trabajadores de este no están seguros de lo que ha podido pasar. Ponemos rumbo hacia un lugar seguro, los valacv me siguen sin hacer preguntas, aun. Ambos son grandes y fuertes, con el pelo castaño, parecen una copia uno del otro.-

-¿Sois gemelos? – Mi cara de confusión les debe de hacer mucha gracia, por que no paran de reírse. Alzo una de mis cejas y los fulmino con la mirada. Uno de ellos se dirige a mi y estrecha su mano.

-Si, ja, ja, ja, yo soy Zeltius y él es mi hermano Zeltar.- Asiento como que le he entendido y me doy media vuelta, dándoles la espalda.-

-Bueno, yo soy Lucille, a un que ya lo sabréis, Odine os habrá puesto al tanto de todo y no pienso volver. – Sigo sin dirigirme directamente a ellos, el que creo que es Zeltius, va hasta mi dirección y se pone frente a mi.-

-Nosotros también queremos proteger la Ciudad, también es nuestro hogar. Odine nos ha pedido que no te dejemos sola, no que te regresemos a Ciudad Ámbar. Solo explicanos tu plan y que es lo que sabes y nosotros te contaremos lo que sabemos.- Vuelvo asentir. La cara de ambos al ver que no tenia un claro plan, se les veía completamente desencajados.-

-Debemos de saber bien todo el por que, el siguiente punto esta lejos, pero claramente seria el que continué respecto a poder. También debo decirte, que antes de irte, escuchamos como el consejo, sin Odine, quería quitarla de su cargo. Hablaban de un brujo de mar, que se ofrecía ayudar a la ciudad a cambio de protección. Se lo estaban planteando. Ahí fue cuando fuimos en busca de Odine y nos pidió que te ayudásemos en lo que hiciese falta. Eso es todo.- Un brujo de mar… No suena para nada a salvación, siento que ese lagarto de algas quiere aprovechar por completo el poco poder que queda y sera cuando muera del todo el corazón de la ciudad.- rhett-wesley-343206-unsplash.jpg

-Debemos averiguar más sobre ese brujo, busquemos algunas pozas, ya mañana continuaremos hacia la Ciudad Agua marina.- Después de mucho nadar, por fin encontramos unas pozas, parece que ahora no se encuentran en casa, todo tirado y faltando cosas básicas, me hace pensar que tuvieron que huir del lugar. Explorando un poco dentro de las pozas, Zeltar encuentra unas runas y dibujos en ella, llaman nuestra atención, en ella se ve una maraña de algas moradas y verdes, tiene ojos y de ellas salen rallos o ¿entran?.

Saco de mi bolsa una hoja y un carbón y remarco para poder llevárnoslos, lo meto dentro de una bolsa que recogí en una playa, para evitar que se estropee, parece que esta no deja pasar el agua, la vi bastante útil. Por la poza vamos encontrando las mismas runas, una y otra vez. Antes de poder descansar terminamos de asegurar el local, y cogemos algunas cosas que nos podrían venir bien para el viaje. Entre tantas cosas, una de ellas, es un libro antiguo, en él hablan de un ser de agua, que solo vive de la oscuridad, y absorbiendo el poder de el resto de seres mágicos, sea cual sea su elemento. El libro parece un diario, también encontramos runas, entre ellas, la que esta dibujada por cada una de las cavidades de la cueva. En el libro explica que es de protección y que evita que entre la oscuridad, llamando así a la luz.

 

Comienza a llover y recogemos todas las cosas deprisa. Una vez todos montados en el coche y empapados, Lucy pronto agotada, se queda dormida.

*Foto de Rhett Wesley en Unsplash.*

 

Nuevos planes- Caminando por tierra.

Caminando en tierra.firma

La Ciudad Ámbar.

Los puntos mágicos.

 

 

 


 

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