RELATO DE FANTASÍA. Bells y el mundo de las sombras. PARTE 1

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Ersaiku

El agua caliente de la ducha resbala mi piel. Al frotarme bien los brazos, descubro que esta empieza a desescamarse. El tono de debajo de esa piel es un blanco muy artificial. Mi estupor no me permite articular palabra alguna.

¿Bells?, ¿Estás bien?—Bárbara, ni compañera de cuarto, me devuelve a la realidad. La piel vuelve a ser normal, sin escamas. Cojo el bote de crema más grande, me dispongo a acabar con el, e hidratar bien mi piel. Recojo el baño, me coloco el albornoz, el antifaz, las, zapatillas y salgo hacía mi habitación. Bárbara me intercepta a la mitad del pasillo.

Estas rarísima. Más de lo habitual.—Ignorando la, la retiro a un lado y me encierro en mi habitación. Pongo el pestillo. Comienzo a sentir un gran picor, al arrascarme, la dermis vuelve a caer. La espalda me arde y esta vez noto como la piel de la espalda se abre. Mis gritos desgarrarían los oídos de cualquiera. Todo golpea mi cabeza y todo vidrio cerca mio revienta. El calor invade todo mi cuerpo. En el espejo puedo verme con muchísima claridad. Perpleja miro muy atenta. Dos grandes alas se pueden ver nacer de mi espalda. Con plumas y un brillo muy particular. Una negra y otra blanca. Los aporreos a la puerta me devuelven a la realidad. Ni alas, ni piel escamada.

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Abre la puerta, o llamo a la policía.—Bárbara de nuevo exigía saber que sucedía.

Estoy bien pesada. ¡Largate a tus cosas!.—Salgo al pasillo. —sigo viva, ¿más tranquila?.—En su cara se expresan muchas cosas menos tranquilidad.


1

Con los ojos llenos de legañas compruebo la hora. Son solo las 3 de la mañana. Cuando mi vista se empieza adaptar a la visibilidad existente, dos círculos, amarillos fijo me miran desde mí arcón. El maldito gato de Bárbara se volvió a colar en la habitación. Es extraño, como ese gato desde hace unos días me teme. Nunca fuimos amigos, pero nos tolerábamos. Al acercarme a el, me bufa y según abro la puerta, sale despavorido. Al levantar la vista puedo observar una gran sombra. Barbi debe de haber traído algún chico a casa. No saludo, cierro la puerta y cando. Casi sin darme cuenta, la manilla intenta abrirse varias veces. Sin, existo deja de insistir y para. Me acuesto, pero no duermo en toda la noche. Necesitaba estar alerta. Suena el despertador y seguido el tono de llamada del móvil. Es mi madre.

¿Belladona?—Como odio cuando decide completar la atrocidad de nombre que me puso. —Bells si, Belladona se ha suicidado, el fantástico nombre que la pusieron la mato.—Mi madre se ríe al otro lado del teléfono, luego vuelve a ponerse seria.

Es importante hija. Dentro de 4 días es tu cumpleaños. Debemos hablar.—Al ser los 19 años, querrán darme alguna charla de lo bonito que es la juventud. Media hora después, de preguntarme si como y si me abrigo bien. Colgamos. No me ando vistiendo, solo espero que el chico de Barbi se haya marchado.

Mmm.—La pizza de a noche calma mis tripas. Me preparo un café cargado y devoró otro trozo más. Es bastante raro, compruebo la hora del móvil. Bárbara siempre madruga muchísimo. Ya habría vuelto de running, pero hoy juraría que ni ha salido. Se acostarían muy tarde. Llamo a su teléfono, este suena entre los cojines del sofá. La mejor opción, ir a su habitación. —¿Bárbara?—Aporreo la habitación varias veces. No contesta. Después de 5 minutos, sin paciencia, ni tiempo. Abro la puerta. Allí no había nadie. La habitación estaba completamente revuelta. La cama desecha y un gran charco de sangre que recorría hasta la ventana. Mi primer instinto fue huir, pero debía reaccionar. Llame a la policía. Vinieron cuando les comente, el tema de la sangre. Pero no la podían poner como chica desaparecida, pasadas 48 horas, darían aviso y comenzarían a buscarla. No fui a clase, ni al trabajo. Espere todo el día a que Bárbara apareciese. La Policía me interrogo varias veces, diciendo continuamente lo mismo. Rosa decidió venir a pasar la noche conmigo, hasta mañana que iría a la villa de mis padres. No quería estar sola. El gato de Bárbara podía notar la ausencia de su dueña. Deambulaba triste por el piso. Ignoraba mi presencia, pude cogerlo en varias ocasiones y ni siquiera bufo.

¿No te resulta extraño? ¿Bells?—Rosa me mueve, me saca de mi letargo. —¿Eh? ¿Qué?—Funciono automáticamente e intento seguir la conversación.—Demasiado. Los policías aseguran que estaba sola a noche. Juró que vi a alguien en el pasillo. Pero no escuche ruidos.—Dude un instante, no sabia si contarle o no como intentaron entrar en la habitación. Decidí guardármelo para mí. Todo era demasiado en mi cabeza ya. El móvil comenzó a sonar, un mensaje de mi madre.

padre ya salió, sobre las siete estará allí. Descansa. Te quiero

Avisó a Rosa y finalmente nos acostamos.

“Siento frío en todo mi cuerpo, solo puedo escuchar el carraspeo de mis dientes. Voy descalza y en ropa interior por la arboleda de la villa. Es de noche y la espesura de la niebla, no deja divisar más allá de mi nariz. El crujidos de las ramas y el sonido de los animales me tienen alerta. El latido de mi corazón resuena en mi cabeza, se acelera más y más. Una gran figura se instala frente a mí. No logró distinguir más allá de dos grandes ojos rojos. Huyo en dirección contraria, buscando la casa. Pero el mismo ardor de días atrás recorre mi espalda. Algo sale de ella. Esas grandes y brillantes alas vuelven a mí. La sensación de calor me ferviente. Mi boca esta seca y la garganta me quema. Todo ello acaba al escuchar a Bárbara, me llama. Salgo en su búsqueda, sigo su voz. Finalmente ella se para frente a mí. Su rostro ha cambiado y su voz es más grave.

¡Feliz cumpleaños amiga!—Hunde su mano en mi pecho, la cual se vuelve garra. Desgarra mi pecho y arranca mi corazón. —Est Finis Ersaiku. Rip alas tuas. Non comedunt te cor tuum.El ser parecido a mi compañera se fue con la frisa convirtiéndose en polvo. Mis alas no desaparecían y el calor se intensificaba. Me elevaba muy por encima del suelo. Me rodeaba una fuerte luz, con el fogonazo que le seguía todo quedo en una nada blanquecina, demasiada luz.”

Cegada y asustada desperté. Tenía mucho calor, así que me levanté a beber algo. Mi padre estaba a punto de llegar, deje una nota a Rosa y las llaves de repuesto del piso. Necesitaba que lo cuidara en nuestra ausencia. Recogí mi maleta y me baje al portal. A un que no eramos amigos decidí llevarme al gato de Bárbara. Sentía que ahora era mi obligación. El bicho no parecía estar de acuerdo, pero no le quedaba otra. A través de los cristales de la puerta, pude distinguir el coche de mi padre. Una verdadera reliquia familiar. Jamás pensé que el viejo Chevrolet de la juventud de mi padre seguiría funcionando. Mis padres tampoco son mayores, me sacan 18 años. Me tuvieron demasiado pronto. Mi padre sale para saludarme, me da un beso en la frente y guarda la maleta.

Me tira las llaves del coche.

Hoy conduces tu.—Eso no me lo esperaba. Y menos con su coche. El trayecto es tranquilo, no hablamos nada hasta que llevábamos una hora exacta de viaje. —¿Nerviosa por el ritual?.—No le entiendo.

¿Ritual?—Ahora el que pone caras es el.

¿Hablo tu madre contigo?—Sigo sin captarle. —Papa al grano.—Apunta con su mano al frente y la gira. Diría que este hombre se cree Goku y va a mandar una honda vital. Al cerrar y abrir el puño, de la nada crece una rosa en su mano. Freno el coche, todo es brusco y se escuchan las ruedas fundirse en la carretera. Puedo oler a rueda quemada. Pero no fue solo eso, sale del coche, lo que me iba a mostrar requería más espacio. De el, emano una gran luz blanca y dos grandes alas blancas. La luz ceso y las alas desaparecieron, abrió mi puerta cambiándome el lugar. Volviendo a la situación anterior, el viaje continuó silencioso.

Al llegar a casa mi madre nos recibió, ella creyó que yo no me daría cuenta, pero la escuché. Preguntó a mi padre si ya sabía algo.

Si Arandia, pero no precisamente por ti.—Mi madre no le dio importancia al reproche, solo le interesaba saber mi estado.

Madre, te escucho. Yo te puedo contestar. Tengo tantas preguntas, pero una me interesa más. ¿Son negras?.—Un suave si se escapó de sus labios.

Dejame ver tu espalda.—Antes de poder levantarlo yo, ya insistían ambos.—Son diferentes.—Mi padre fruncía el ceño y mi madre tocaba mi espalda, deslizando la punta de sus dedos.

De punta y redondas.—Al tacto de mi madre mi espalda se contrae, sus dedos son como cuchillas.—Errael, todavía no están cicatrizadas.— Por mi cara de preocupación, mi madre deduce que no sé de que me habla. Me acerca al espejo de la entrada y coloca otro detrás de mi espalda. Unas marcas todavía muy rojas, dan forma de alas en reposo sobre mi piel. Todo mi juicio se va perdiendo, viene todo de golpe y sin explicaciones. Mis padres ven mi cara de terror. Ambos se descubren sus espaldas. Tienen las mismas marcas que yo, ya cicatrizadas. La diferencia, mi madre tiene alas de punta y mi padre de pluma redonda.

Quiero explicaciones. — Mi madre me ofrece la silla.

¿Chocolate, caliente?—El ofrecimiento de mi madre es sincero, pero yo no quiero nada. Le niego con la cabeza y le pido que comience.—“Tu padre y yo prevenimos de dos mundos alternos, Él proviene del reino de la luz y yo del mundo de las sombras. Nuestras familias no es que se generan a dejarnos estar juntos. Era peor. Nos sentenciaron a muerte, todo para servir de ejemplo al resto de los habitantes.”

¿Mundo sombra? ¿Reino luz? ¿Me estáis tomando el pelo?. — Mi madre resopla, la tensión se nota en el ambiente.

Yo creo que ya has visto suficientes cosas, para saber que no estamos bromeando.— Mi padre viene con un gran libro, se ve viejo y estropeado.— Todo tiene que ver con tu 19 cumpleaños. Leete el libro, si te siguen quedando dudas hablaremos.— Mis padres me dan un beso en la frente y me dejan sola. Paso la tapa del libro, tiene demasiado polvo. Se ve escrito a mano, en su primera hoja se puede leer.

Libro sombra.

 

*Imágenes obtenidas del buscador del google. Modificadas por mí.*

 

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Premonición.

Recorriendo cada punto del bosque, sin ningún rumbo fijo, sigo hacia adelante, no pienso y diría que ni siquiera respiro. No se si me siguen o si estoy siguiendo a alguien o algo, simplemente camino. Al llegar al corazón del bosque encuentro una pequeña casita, no tiene luz, no parece que tenga vida. No lo pienso, me adentro en ella, no sé que esperar y tampoco me importa esperar algo, simplemente lo hago. Ni el crujido de la puerta me hace estremecer, diría que no siento nada en este momento. Está oscuro, tampoco me importa, recorro cada rincón del habitáculo, escucho sonidos, escucho susurros, no respondo, no tengo voz. En, la ultima planta al final del pasillo, una pequeña niña me espera, con un cabello rojo como el fuego y unos grandes ojos color miel. Ella me tiende la mano, su parecido me resulta muy familiar, le respondo estrechándole mi mano y me dejo llevar en la dirección que ella quiere. No queda mucho por recorrer, llegando al final de la casa. Nos quedamos frente a una puerta, todo ruido cesa y la niña desaparece, una voz muy dulce me pide que habrá la puerta, que entre. Atraída por la voz, obedezco, una gran luz me ciega, no puedo ver que me espera dentro, pero a un así mis pies avanzan sin preguntar a mi cerebro. Al mirar atrás, ya no hay puerta, ya no hay nada, me encuentro sola. Avanzo en ese mundo vació, y al final vuelvo en bucle al principio de todo, vuelvo a caminar por el bosque, sin rumbo, sin pensar, sin respirar. Bells-Gwaentoo
Recorriendo cada punto del bosque, sin ningún rumbo fijo, sigo hacia adelante, no pienso y diría que ni siquiera respiro. No se si me siguen o si estoy siguiendo a alguien o algo, simplemente camino. Al llegar al corazón del bosque encuentro una pequeña casita, no tiene luz, no parece que tenga vida. No lo pienso, me adentro en ella, no sé que esperar y tampoco me importa esperar algo, simplemente lo hago. Ni el crujido de la puerta me hace estremecer, diría que no siento nada en este momento. Está oscuro, tampoco me importa, recorro cada rincón del habitáculo, escucho sonidos, escucho susurros, no respondo, no tengo voz. En, la ultima planta al final del pasillo, una pequeña niña me espera, con un cabello rojo como el fuego y unos grandes ojos color miel. Ella me tiende la mano, su parecido me resulta muy familiar, le respondo estrechándole mi mano y me dejo llevar en la dirección que ella quiere. No queda mucho por recorrer, llegando al final de la casa. Nos quedamos frente a una puerta, todo ruido cesa y la niña desaparece, una voz muy dulce me pide que habrá la puerta, que entre. Atraída por la voz, obedezco, una gran luz me ciega, no puedo ver que me espera dentro, pero a un así mis pies avanzan sin preguntar a mi cerebro. Al mirar atrás, ya no hay puerta, ya no hay nada, me encuentro sola. Avanzo en ese mundo vació, y al final vuelvo en bucle al principio de todo, vuelvo a caminar por el bosque, sin rumbo, sin pensar, sin respirar. Bells-Gwaentoo

 

Y hoy dar las gracias a, Sadire-Divagacionesenrosa.com por el Sorteo que ha realizado. Que tendré el placer de recibir el libro “Menos cuentos de hadas y más polvos reales”. Gracias.

*Foto de Chris Barbalis en Unsplash.*

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2.

Dicen que al final del túnel, solemos encontrar una luz. Esa luz que te guía, que te recibe.
¿Qué dirías, si yo, soy esa luz? Pero también soy la oscuridad.

En este mundo, la gente solo te da a elegir, ¿blanco o negro?. Yo no elegí ni una, ni otra.

SOY AMBAS.

No pido a nadie que me quiera, que me acepte. Simplemente soy yo, y soy así.

@In.fiducia

#Aneizar

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