El tercer ojo de Eyva

*****LA SIGUIENTE HISTORIA ESTA BASADA EN PARTE EN UNA EXPERIENCIA PERSONAL, LA OTRA PARTE ES INVENTADA. ESPERO QUE LA DISFRUTÉIS.******


Tumbado en la cama de mi habitación, soportando el calor como podía leía mi libro favorito. Vi como mi pequeña sobrina se acercaba a mí y muy seria miraba fijamente hacia la ventana. Después me miró con sus grandes ojos grises, en los cuales transmitía su semblante muy frío.

                —Tío, hay un niño junto a ti tumbado. ¡Oh! Se acaba de meter debajo de tu cama. —Ella se acerca a la cama y se asoma para mirar debajo del canapé. Continuo perplejo por sus palabras y no  sé que contestarle, le miró con curiosidad.

                —¿Cómo?

               —¡Y un señor! Está justo ahí. —La pequeñaja señala de nuevo el rincón junto a la ventana. Me retiro instintivamente hacia atrás, ella se queda frente a mí con su indiferencia. No entiende que es lo que ve o si realmente lo está viendo. Me apresuró a llamar a mi hermano, y sacar de allí a la niña.

Me acerco a la puerta, cuando intento salir de la habitación está se cierra de golpe. Yo tiré haciendo fuerza, después golpeo con mi hombro. Pero es inútil la puerta está atascada y nosotros encerrados, cuando volteo a mirar a mi sobrina ella ya no está.

                   —¿¡Eyva!? ¿¡Eyva!?—Ella no contesta, yo grito de nuevo su nombre varias veces más.

                 —Tío ven con nosotros.—Es lo único que su débil voz dijo, no sé de donde vino solo sé que era ella. De forma inmediata la luz comenzó a titular, a la tercera vez se apagó por completo. Entonces un frío congeló mi columna vertebral.

Algo detrás de mí, tiro de mí camiseta y vi de nuevo los grandes ojos pero con un tono diferente en esa mirada.

                 —¡Tío! Finalmente decidiste venir.—Agarre su calida mano y nos marchamos en la oscuridad guiados por  nuestros nuevos amigos.


A la mañana siguiente no se encontró rastro de Eyva y de Mauro su tío.  Sólo dejaron dos siluetas en la pared de la habitación del tío al que nombraron sospechoso del caso. Estas manchas eran de un color oscuro y viscoso, siendo desconocida y inexplicable para la policía.


Microrrelatos |Frío.

Lo note, esa fría caricia pasando por mi piel. Erizaba cada parte de mi cuerpo. Su gélido aliento punzaba mi nuca, sabía que estaba tras de mi y él sabía que yo lo sabía. Solo las palabras de la sacerdotisa venía a mi mente.

«Inocente niña, jamás te des la vuelta y nunca contestes a sus balbuceos. Así ese ser no podrá llevarte.»

Yo intentaba no contestar a sus deseos, eran como una dulce hipnosis y a la vez una horrible sensación la que podía experimentar. Fui fuerte y no conteste. Espere, espere, el nunca se cansaría de atraerme.

Día 254, él sigue en mi espalda y también en mi cabeza. Sucumbiré a su frío encanto.

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