La ciudad perdida.

-No viajo solo.- Dijo el brujo del mar. – Conmigo viene Eufasidés.- El viejo tritón de aspecto joven, sonrió al resto del consejo. –

-No hacen falta las presentaciones, ya nos conocemos. Hace unos días este tritón espió una de nuestras reuniones-Oceánides era intransigente a que estos dos seres entraran por completo en el centro de la ciudad. Se les veía insistentes y muy insistentes y llevar el control en todo el asunto de la explotación del ámbar.-

-Amigos del mar, ya les dije que podía ayudar con su problema, no hay por que temerme. – Entre el consejo compartían miradas pero ninguno articulaba palabra alguna. Odine ya había sido expulsada del consejo, en su lugar todavía no había nadie y Eufasidés enterado de todo quería ese puesto, para finalmente usurpar del todo la autoridad a Oceánides. El brujo del mar quería llegar a más que eso, siendo un ser cambia formas, sin saber a un su verdadero ser, para ser más allegado a los habitantes, había adquirido la forma de un tritón.-

-No crean que viniendo de la nada se les permitirá tan intrusión, aquí por supuesto no somos descortés, les permitiremos alojamiento y víveres, pero pronto puedan, tendrán que irse de la ciudad. No necesitamos la ayuda de extraños. – Eyádes fue tajante y sin mostrar ninguna flaqueza, extendió su mano, haciendo así un trato.-

-Querido joven es de agradecer lo que nos propone, pero pronto se dará cuenta de que somos su único apoyo. No se como creen que una joven sirena, sin ninguna experiencia y sin desarrollar su magia, puede salvar al mundo mágico. Son unos ilusos, con todo respeto. – Eufásides no retiro la mirada de Eyádes, manifestando que no se echaría para atrás tan fácilmente.

 


 

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Mientras tanto Lucille y sus dos compañeros de viaje, habían encontrado una de las ciudades ya perdidas, en ella ya no quedaba signo de vida. Era de las pocas ciudades donde cualquier ser mágico y acuático convivían en perfecta armonía. Todo aquello perdido, seria el primer lugar a investigar.

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El brujo del mar.

Oscuridad ámbar.

Caminando en tierra.

La Ciudad Ámbar.

Los puntos mágicos.

*Imagén de Pentsamendu putzuak en blogspot*(destacada)

*Imagén de Administración en Foro activo sirenas*


 

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Oscuridad ámbar.

Mientras Lucille era capturada por pescadores junto a los valacv, en la Ciudad Ámbar, acabaría la paz del todo. Pronto conoceremos al ser más oscuro del todo el océano.el viejo tritón de aspecto joven, entra sin problemas en la cueva y encuentra con facilidad la cascada. El ambiente al cambio se vuelve sombrío, frio y opaco. Consejo, habitantes, resguardaros, no confiéis.
-¿Quien es? ¿Que hace en la ciudad?
-Oceánides alza su dedo acusador y el resto del consejo observa tras él.
– Mi nombre es Eufasides, vengo a salvar la ciudad. –

Caminando en tierra.

Otra noche más continuamos con la historia, Lucy esta lista.
Papa, ¿Como se llama la sirena del cuento? No me lo has dicho. – Tiene razón, la mejor opción será poner su nombre en medio de esta historia, no directamente, tiene que ser un nombre mágico. Pero ella tiene que sentirse parte de esto, lo estoy creando para ella, ¿no?

Claro cariño, la protagonista de la historia se llama, Lucille.- La emoción ya comienza a crecer en ella. Esta lista para comenzar. –

¡Se llama muy pare jito a mi papá! – Me comienzo a reír, la observo y corrijo el error en la palabra.-

No, Lucy, es parecido al mio, no pare jito. Vamos a empezar con la historia. “En las cavidades de la cueva de la Ciudad Ámbar, el consejo en alto y el resto de la ciudad. Lucille, al poner al tanto al consejo de el extraño objeto que el chico de tierra dejo colocado en la entrada a la ciudad, debían deliberar sobre que hacer, no sabían a que se enfrentarían, pero si un simple chico de tierra la tenia en sus manos no podía ser muy peligroso.

Eyádes, no seas cabezota, debemos saber bien lo que haremos, o pondremos a todo el mundo en peligro. – Oceánides, el tritón más anciano del consejo, intentaba conducir a su compañero hacia la mejor opción. –

¡NO AMIGO!, se equivocan los tres, si no quieren hacer nada, están en su derecho. Lo haré yo por todos. – Eyádes sumergido, directo a la salida de la cueva. Al encontrarse de frente con el objeto, se paro detrás de él, apunto la cola y las manos al objeto, y poco a poco la luz en el era más intensa.-

¡ALTO!, ¡NOS PONDRÁS A TODOS EN PELIGRO! – Era demasiado tarde, soltó una gran descarga directa en la caja, que quedo totalmente quemada, Anereda, la consejera más joven de las sirenas, la recogió de entre los corales amarillos.

No fue tan difícil, alguien tenia que hacerlo. De nada amigos de Ciudad Ámbar. Ya se dieron cuenta que no había nada a lo que tener miedo. – Eyádes orgulloso de su logro, volvió dentro de la cueva, Oceánides lo acompaño, como muchos otros. Yo observaba a Odine y Anereda, las consejeras de las sirenas, no articularon ninguna palabra, ni compartían ningún pensamiento para que el resto pudiésemos escucharlas, pero por las miradas y gestos, estaba claro que conversaban sobre la situación y que no compartían la misma reflexión que los tritones.

Ya en casa, flotando en mi poza de agua, se me venían a la cabeza el rostro del chico de tierra. Se me había ocurrido un a idea, pero no le podría decir a nadie, o jamas me dejarían hacer lo que me propongo. De todas maneras, se acostumbraron muy bien a mi ausencia, nadie notaria nada raro.

Al pasar por los arrecifes de corales ámbar, recogí una parte de ellos, y los introduje en mi bolsa, me vendrían bien para cambiarlos en tierra. La ciudad estaba muy vacia en estos momentos, todo el mundo estaría en sus casa durmiendo, pude salir de ella sin problema y atravesar la cascada. Solo me faltaba poder salir de la cueva, sin que ningún valavc me viese. Antes de poder salir de esta, debo dibujar el mapa de los puntos de la cavidad principal, me cuelo en ella, dibujo lo más necesario de él y me sumerjo de nuevo para salir.

La verdad, fue fácil el salir de la ciudad, algo raro, ningún valavc merodeaba la zona y eso es lo más extraño de todo. Tampoco me pararía a investigar, mi punto principal seria arreglar los puntos mágicos desde tierra y ver que es lo que tanto hacia temer al consejo de la gente de tierra. Pues a un que dicen que todo ya estaba arreglado, La Ciudad Ámbar, estaba muriendo por los humanos, debía saber el por que.

Veía la playa desde el punto donde me encontraba en el agua, solo debía encontrar un lugar seguro donde esconderme hasta que mi cola estuviese seca y así pudiese colocar un ungüento mágico que me diese unas piernas y poder moverme por tierra. Solo espero que mi Vanaema, no eche en falta que se lo cogí de su gruta. En la zona norte, visualizo una zona muy frondosa, me ocultare allí. Todo está en calma, la luna se refleja fuerte en el agua, se ve preciosa tan redonda y perfecta.

Coloco unas cuantas hojas, hago más confortable la arena, a un que no hay nada como dormir en el agua. Poco a poco mis ojos pesan, no me puedo quedar dormida, me podrían descubrir con cola.

¿Chica? ¿Chica? ¿Que paso con tu ropa? ¿Estas bien te paso algo?, Toma mi chaqueta. – El chico de tierra hablaba mucho, se quito, lo que él llamaba chaqueta y me tapo, todo había salido bien y tenia mis piernas, pero no me di cuenta de cubrirme, nunca usamos nada para cubrirnos, a las sirenas los pechos se cubren solos por unas escamas finas y ahora lo tenia todo visible. – Te llevare a un sitio seguro, encontraremos algo de ropa que taparte.

¿Ropa? – Debe de estar hablando de las telas que usan para cubrir su cuerpo. No se nada de la gente de la superficie, la pamillere no nos habla mucho de ellos, simplemente que no fuésemos nunca a tierra y que nos querían destruir. Pero de momento no parece ser así. – Lo siento, pero tengo algo que hacer, mi, mi ropa.- En mi cara se podía ver la duda, no estaba segura si había dicho bien la palabra, debía pasar desapercibida. – Se la llevo el agua, nade mucho y cuando la quise recoger, no estaba. Si me puedes prestar algo, mi casa queda lejos y voy hacia otra dirección.-

¡Claro!, pero no me has dicho tu nombre. Marcos.- Me ofrece su mano y sonríe, parece agradable. Pero no me puedo encariñar con los humanos. Mi hogar es el mar.-

Lucille y sin se desagradable, tengo bastante prisa. – Su rostro se enfrió un poco, pero me lleva con él.

En cuanto me cubro, recojo mi bolsa de Ámbar y sin despedirme del chico, salgo por la primera puerta que me encuentro. Necesito encontrar el puerto, allí están los barcos de los hombres que trabajan el ámbar, y así averiguar algo más. Al llegar a este ya no queda ningún barco, todos salieron ya y si decido acercarme mucho al arrecife, la gente de Ciudad Ámbar me pueden ver. Me quito la ropa que me presto el muchacho y la guardo en la bolsa, aseguro de que no me falta nada, lo más importante el ungüento, tiene efecto de días, pero no sé exactamente cuántos. Y me tiro al mar sin pensarlo. Busco los barcos, sin acercarme demasiado, esperare a que se acerquen ellos. Necesito averiguar algo, si no mi siguiente opción es un viaje muy largo, hacia otro punto mágico y por lo que te enseña la pamillere, no están cerca.

A la espera de la cercanía de los barcos, pronto va viniendo el primero, me quedo lo suficientemente lejos para que no me vean. Cuando lo amarran en el puerto, me coloco debajo del desfiladero y escucho su conversación con otro hombre que trabaja en el ámbar. Ambos hablan de que las minas de este, están quedando secas y que deben picar en el centro de la isla, y averiguar si es cierto que en ella hay otra mina. ¡Debo avisar a la ciudad!, o la destruirán y será el fin de todos los puntos mágicos. Me sumerjo y nado lo más lejos posible de estos monstruos. No muy lejos de mí, hay una pareja de delfines, deben hacerme un favor. Concentro todo el recuerdo en mi colgante y lo transporto a una caracola, la envuelvo en un algo y le pido a los delfines que lo lleven hasta la cueva de Ciudad Ámbar. Ya vería el consejo como comunicarse conmigo.20160818_102315 - copia

Sin pensármelo mucho ya me dirijo hacia mi siguiente destino, Ciudad Agua Marina, necesitaremos mucha magia para revivir a la Ciudad Ámbar y proteger el mundo mágico.

*Valavc se le considera un vigilante o protector del mundo mágico*

*Vanaema es una abuela del mar*

*Pamillere, maestra sirena*


Señor Oceánides, un delfín trae esto.- Oceánides recoge el trozo de alga y lo desenvuelve, en su interior hay una caracola, ella pronto comienza a brillar, de ella sale un recuerdo, poco a poco más visible.-

Lucille. – Un grito ahogado sale de mí, mi hija, mi pequeña, siempre con su rebeldía. Ella sola se pondrá en peligro. El recuerdo es claro, se ve lo que ya nosotros sabíamos, unos hombres de tierra hablando de que tienen que adentrarse en la isla y perforar en el interior, para encontrar la mina que ellos creen mito.-

Odine, tu hija es una ilusa si cree que ella sola va a protegernos a todos. Va a conseguir que la maten, o peor que nos maten a todos.-«

Lucy como cada noche ya esta dormida, cansada de tanto nadar, mañana le espera un viaje muy largo hacia Ciudad Agua Marina, que descanse. Beso su frente y compruebo que este bien arropada.

Aneizar

In fiducia

La Ciudad Ámbar.

Los puntos mágicos.

 


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