RETO LITERUP 6: Círculo infinito».

El reto número 6 pide que realicemos un relato del subsuelo.

Me dirijo a mi sesión diaria de rayos de sol, que tengo que adquirir del solárium creado en la ciudad donde vivo con mi familia Beusslou. Hace 200 años que una explosión del Sol, hiciera que fuese imposible vivir en la superficie de la tierra. No daban muchos años de vida a la tierra sin él, pero aprovechando los recursos que nos quedaban y fragmentos de la explosión… Pudieron crear bajo tierra una nueva manera de subsistir. Muchos llamaron a estos científicos que nos salvaron y aún continúan locos, yo les llamo papá y mamá. Desde que tengo uso de razón convivo con ellos en la planta de los laboratorios, todo por tener controlado todo el tiempo nuestro nuevo sol interno. Todo el mundo cree que nos vamos a quedar aquí, hasta que nos quedemos sin recursos y la tierra no aguante más el frío del universo. Yo creo que como el fénix que renace de sus cenizas, Lorenzo hará lo mismo. O sin nada donde seguir una órbita, la tierra encontrará por el camino pero sol más grande y luminoso. De momento os iré enseñando un poco el lugar donde vivo. En lo que empezamos este tour, diré que mi ciudad está situada más o menos a (**)metros bajo tierra. Antes de que el supuesto fin del mundo llegara vivía en Soria, y que yo espero que al igual que nosotros hemos conseguido salvarnos de esta manera, en otros lugares también. Bueno empezaremos por el principio, la puerta principal. Completamente sellada de forma hermética con un metal de fuerte resistencia. Aquí nadie sube, solo están los guardias vigilando.

—Naira, ¿Qué haces aquí? Ya sabes que nadie puede estar en la puerta.— El guardia más corpulento y tierno de toda la ciudad siempre preocupándose de que no la lie.

—Tranquilo Roberto, solo estoy dando un paseo con mi cámara, mostrando donde vivo.

—¿Realmente sigues creyendo que alguien re fuera de aquí verá eso? ¿Cómo piensas mandarlo?

—Parece mentira que no me conozcas en estos 18 años. Tú entraste a formar parte del equipo de seguridad y yo soy la informática de la sala de control. Soy algo más que belleza muchacho. —Él se echó a reír, después nos despedimos con un gesto corto y yo continué mi camino. Continuamos por la zona de motores, donde mueven la electricidad por cada punto de esta ciudad tan atípica. Y también se encargan del oxígeno y la forma de moverlo por todo el subsuelo sacando el CO₂. Se puede ver a Harold hacer el trabajo de control, verificando que nada falle. Me gustaría seguir hacia la sala de informática, vinculada al área de seguridad. Ambas son importantes, mi trabajo es verificar que todos los escudos selladores, tanto para el oxígeno o el control de cualquier fuga… es para evitar que otros entren (aunque sería imposible, la vida fuera es imposible). Mientras mi trabajo es en varios ordenadores, los guardias de seguridad comprueban las cámaras asegurándose que todo es correcto. La siguiente sala más adelante son oficinas y despachos de gente más importante y que gamas llegue a conocer. Y bajando por las plantas vamos encontrándonos con mucha diversidad de tiendas. Continuando por las aulas de aprendizaje y la zona de salud. Acabamos en las viviendas o cápsulas. Y creo que no se me olvida nada… debería de volver a mi puesto. Antes de que pueda volver a mi puesto de trabajo. Un gran sonido colisionó con la puerta principal, por las cámaras de seguridad y el programa de bloqueo todo parecía correcto. No volvió a tardar, un gran estruendo azotó la puerta. Las cámaras exteriores no registraban nada.

—¿Roberto? Activar los infrarrojos, veamos que nos dicen.—Él asiente, y no tardaría en salir en la pantalla una gran masa de calor sin forma.

—¿Qué rayos es eso?

—En el programa sale como desconocido. Tardaré un rato en que el programa sea más efectivo y nos diga de que se trata.—Me daba prisa por parar aquella cosa que se disponía a hender nuestro hogar. Ese era mi trabajo hacer segura la puerta con todos mis medios. El ordenador comenzaba a dar fallos que yo iba corrigiendo y es que con cada embestida un nuevo error debilitados mi configuración. Escondía un as bajo la manga, mire a Roberto y le pase el control de mi teclado y después le di mi libreta abierta por el lugar exacto.

—¿Qué hago?

—Meter los códigos, yo pasaré los mismos de forma manual en la puerta.—Recogí el falseado de software y varias herramientas para poder verificar las claves de forma manual en la puerta, y fui en esa dirección. Subí la escalera de emergencia hacia el panel de la puerta, fuera la masa invisible continuaba empujando intentando abrir el acceso a nuestra civilización escondida. Las claves que introducía me daban error y la comunicación con Roberto por el pinganillo era nula, el pavor que sentía crecía y la accesibilidad hacia nosotros se incrementaba. No podíamos hacer nada ante esa cosa, y abajo nuestros familiares, amigos y vecinos no sabían nada. Cuando estaba probando el último código, el sonido de los engranajes me confirmaba que posiblemente hubiese funcionado. O eso creí porque el último golpe fue el definitivo y la masa invisible traspasó la puerta y con ella me absorbió a mí. No sé que pasó después de eso, solo vago como en un círculo infinito por una nada de soledad y desesperación. Donde el anhelo me hace seguir buscando una salida.

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