Anclados en bucle 3 – Enlaces.

Ambos nos damos cuenta de que el tren es grande, cada vagón que pasamos, a un que llenos de gente, todos parecen estatuas. Samuel va delante de mí, al llegar ante la puerta del maquinista, de la nada aparece el contador de billetes. No articula palabra alguna, simplemente queda fijo antes nosotros, sin dejarnos paso. Samuel lo aparta hacia un lado, no parece poner resistencia a quedarse en su lugar, abre la puerta y yo entro detrás de él. Nos encontramos en el cambio de vagón a una puerta más de entrar donde el maquinista, el contador de billetes nos mira desde la ventana de la puerta anterior, con la misma mirada fría de antes. La puerta del maquinista está abierta, entramos.

-¿Hola? – La cara de miedo de Samuel es clara, supongo que al igual que la miá. No hay nadie manejando el tren, y cada vez este va cogiendo más velocidad.-

-¿Que ostias? No puede ser verdad, habrá ido al puto baño. – Eso queremos creer, pero la silla que hay esta fría. – Volvamos a nuestro vagón, hablemos con los otros pasajeros que si parecen estar más o menos conscientes (ya que la señora del perro, no parece estar muy cuerda). Samuel sale primero, me ofrece su mano para que le siga de cerca, ve una palanca de emergencias en el cambio del vagón y la coge, por lo que pudiese pasar una vez descubierto que estamos sin maquinista.

Al entrar en el primer vagón todos siguen inmóviles, sin prestarnos atención, el contador de billetes ya no estaba, vamos hacia nuestro vagón.

 

Al llegar al vagón la señora está dándole de comer a Fuffy unas galletitas con forma de hueso y el hombre, está enfadado intentando buscar cobertura por el vagón.-

-¿Sabéis por que no hay cobertura? ¿Donde estamos? – El señor va subiendo el tono de voz.-

-Nosotros tampoco tenemos cobertura, en el resto de vagones la gente no reacciona y lo más importante no hay maquinista.- El hombre levanta la cabeza, su expresión es de miedo. La señora sin dejar a un lado al perro, continua hablando con nosotros a través de Fuffy.-

-¿Pero que dicen estos chicos Fuffy? Sin maquinista, ya sabia yo que hoy era mi ultimo día aquí.-

-Pero que dice señora. Siga dándole galletitas al perro.- Dice el señor cada vez más frustrado. De golpe el tren frena, un frenazo que nos deja a todos los que estamos de pie en el suelo, me golpeo la cabeza con el asiento del final de vagón.-

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-¿Estáis todos bien? – Pregunta Samuel, el señor y yo asentimos. El tren arranca de nuevo pero esta vez marcha atrás, con más y más velocidad. Pronto a través de los cristales se deja de ver con claridad las vistas. El miedo ya se ha apoderado por completo de mí, la velocidad se puede notar en mi cuerpo, en las caras del resto, hasta en el ambiente. Dejo de verlos a ellos, dejo de ver nada, lo ultimo que logro escuchar es un gran impacto y todo queda hay.

 

08 de enero del 2019

Me encuentro esperando en la estación de San Marcos, esperando a que llegue mi tren para volver a Gotxea. En la estación me encuentro yo sola, son las 11am, no visualizo a nadie más. Al llegar el tren recojo mi bolsa y subo las escaleras de mi vagón, paso a la cabina de este y me siento en el asiento asignado, al lado de la ventana. Coloco mi bolsa debajo de mi asiento y saco unos auriculares y el portátil. Empiezo a sentir una gran sensación de dejavú. Me coloco los auriculares y pongo mi película favorita en el portátil. Una vez ya en marcha, por el vagón aparece un hombre de uniforme.

-¿Billete? – Como siempre, no encuentro mi billete, me pongo de pies y lo saco del bolsillo trasero de mis vaqueros, algo arrugado pero todavía legible. Lo perfora y me lo devuelve, después se marcha hacia el otro vagón. Después de un tiempo largo de viaje, comienza a comunicar que pronto llegaremos a la siguiente parada. Indiferente a ello, ya que no es mi destino continuo a mi película.

Pronto llegamos a la parada, en ella sube un chico, solo el, tiene el pelo oscuro y con una tez clara. Se sienta frente a mí, se coloca unos tapones en os oídos y saca un libro. Ninguno de los dos nos pronunciamos, ni siquiera nos presentamos. Ya algo cansada y finalizada la película, apago el portátil, saco un bocadillo y no dejo ni las migas. Al chico le debo de hacer mucha gracia, ya que echa alguna risita a mi costa. Me levanto para ir al servicio, ya anunciada la parada antes de que lleguemos. Sigo sintiendo la sensación que este día ya lo viví. En el servicio, no me deja de venir a la mente el nombre de Samuel, no sé por que. El tren frena y yo salgo del servicio de vuelta al vagón, el chico seguía allí sentado, me coloco en mi asiento y saco mi teléfono y los auriculares de nuevo para poner música. Entra a cabina un señor muy misterioso para mi gusto, vestido de negro con gorro, gabardina y malentín. Se sienta a mi lado (todo el vagón vació y los asientos nos los ponen a todos juntos). El chico se levanta y se dirige al servicio. El señor saca su teléfono y una especie de agenda, comienza a enfadarse.

-Chica, ¿Tienes cobertura? – Compruebo mi teléfono, en efecto, no tengo cobertura. Al regresar el chico del servicio, el señor también le pregunta a el, al igual que nosotros, el tampoco tiene cobertura, nos resulta bastante raro. Pero no le damos importancia. Varias paradas más, sube la ultima compañera de viaje, una señora mayor acompañada por su perro de bolsillo, si como los libros. El viaje continua, ninguno ha vuelto a decir nada, hasta que la señora rompe por completo el silencio. No habla directamente con nosotros, todo lo hace a través de su perro, no dice tampoco nada coherente, pero no hace pensar que la señora podría estar perdida, o tener alguna enfermedad respecto a su edad.

-Fuffy, sin maquinista, si, si, si, si, vamos sin maquinista. ¿Que dice mi perrito bueno? ¿El final? Lo sé Fuffy, pero ellos no. ¡Shhh! – La señora habla con su perro como si fuese un niño pequeño, hablando cosas bastantes perturbadoras. Los tres al oírla nos miramos. –

-¿Pero que dice señora? ¿Se encuentra bien? – Me pongo de rodillas y me dirijo directamente, haciendo contacto visual, necesito que vea que hablo con ella, ya que parece completamente ida. –

-Sí cariño, estoy muy bien, como tú. De momento.- Sus palabras me asustan y al echarme hacia atrás caigo de culo. El chico me ayuda a levantarme. Se dirige a mí, se acerca a mi oreja para susurrarme.-

-Llámame loco a mí también, pero estoy seguro de que ya viví este día. ¿Dime que te llamas Ruth? – Extrañada y cada vez más asustada, empiezo a creer por que yo también tengo la sensación y que todo podría ser.-

-Lo tengo confuso, pero yo también tengo esa sensación. – Levanto la vista y al mirarle le llamo por el nombre que llevo todo el día pensando.- Samuel.- El realmente no muestra confusión ninguna, pero me hace saber que tenia que ser así, si no, ¿como sabia su nombre? Solo hecho en falta una cosa. ¿El contador de billetes? Desde que yo subí, no volvió a pasar por el vagón.

*Foto de Uriel soberanes en Unsplash.*( Imagen destacada)

*Foto de Diego Duarte Cereceda en Unsplash.*

 

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Anclados en bucle 2 – Realidad cero.

Anclados en bucle 1- Nuevo relato.

 

 

 

 

 


 

 

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