Peperit.

(El nacimiento de un asesino en serie).

En mi cabeza solo oigo un tic-tac, continuo. El tiempo que me falta para que todo acabe y este juego macabro finalice.

Recorro, día tras día los mismos pasillos, a la misma habitación. Sigo sin acostumbrarme al chirrido particular de la puerta al abrirse. Saco una bolsa de basura y recojo todo lo que se encontraba dentro. Salgo de allí y pongo dirección a la sala, donde todavía creo sigue con vida. Quise evitarle sufrir, y unos últimos segundos conmigo la destrozaron del todo.

Abro la puerta, coloco la bolsa en una esquina y me acerco a la camilla. Acaricio su pelo y voy bajando por su rostro, no se ve ni una gota de vida en ella. -Continua teniendo pulso, pero es débil. – Es fría ante la situación que nos encontramos, y la que jamás habría esperado. – Hay que mantenerla viva, el juego debe continuar. – Sigue hablando, pero yo prefiero no escucharla. -Tiene que morir. – Es lo único que mis labios son capaces de vocalizar.  Levanta la cabeza hacia mí, su mirada de odio es evidente. – Harás lo que se te diga, las ordenes son claras, debemos seguirlas. Se le mantiene a ella con vida. – Mi cuerpo crece y mi cabeza estalla en rabia. – ¡NO!, ¡HE DICHO QUE DEBE MORIR! – Estiro mi mano y aprieto su cuello, sus ojos parecen salirse de las órbitas y el miedo se lee en su rostro, hasta su piel coge otra coloración, más azulada. Siento como la sangre caliente recorre mi cuerpo.  Su expresión hace que la exaltación sea fuerte y que apriete más fuerte. Vuelvo a ser yo, al suelto de golpe y miro mi mano, sujeto mi muñeca con miedo, ¿este soy yo?. Desprendo el gotero del brazo de Nei, cada vez más exánime. Envuelvo el cuerpo en plástico y lo cargo a mi espalda. De la mesa cojo las llaves del coche, y salgo en dirección a este. Introduzco el cuerpo en el maletero y cojo dirección al Rio de Santa Ana, dirección norte de la ciudad.

 

No puedo olvidar todavía su rostro, sus ojos color miel y el tono rojizo de su melena. Como sus ultimas lagrimas brotaban en su rostro, como poco a poco rompí su corazón y traicione su alma. Ella confiaba en mí, y no fui capaz de prestarle ayuda. Preferí quitarle la vida.
-Ya está hecho. Toma la dirección de la siguiente. – Le tiendo un papel sin mirarle a la cara. – ¿Qué hiciste? – su voz es seca y cortante, se le nota enfadada, y a mi indiferente. – Eso ya no es asunto tuyo, haz lo que te digo. – coge el papel lo guarda en el bolsillo trasero de su pantalón. – ¿A esta también le dirás que la quieres, o lo reservaras para otra? – Mi mano vuelve a cobrar vida propia y se alza, pero mi mente pone barreras y la frena. – Realmente la quiero. – mis ultimas palabras no la dejan indiferente y según se va dirección a la puerta no me quita el ojo de encima.

– Recuerda su nombre Erin Balruíz, esta nos tiene que durar más. – Se va alejando, y sus palabras con ella.

 

 

«-Mujer, entre dieciocho y veinte años. Herida profunda en abdomen, por arma blanca. Ha perdido mucha sangre, parece que conserva el pulso, es débil. Necesitaremos 18000 unidades de sangre, A+ …
– Doctora, no siento la respiración, habrá que entubar, perdemos el pulso…»

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23 comentarios sobre “Peperit.

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